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Domingo, 21 de mayo de 2017

¿Moción, de qué?

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Podemos ha presentado, después de marear mucho la perdiz, la moción de censura, justo antes de las primarias del PSOE.

Los partidarios del "no es no" a la abstención al Gobierno de Rajoy tendrán una razón más para votar a Pedro Sánchez y lograr así la alianza de izquierdas. No se sabe si estarán muy de acuerdo con el liderazgo de Pablo Iglesias, ni si querrán sumarse a los votos de ERC y el PDCat, pero solo uniendo fuerzas la moción de censura lograría su objetivo.

 

A mediados de junio, la bancada socialista, con un nuevo dirigente en Ferraz, puede mirar de forma muy diferente el programa de Gobierno de Pablo Iglesias dependiendo del resultado de la votación de la militancia. Entre otras cosas puede que su portavoz siga siendo Antonio Hernando, impecable en su función en estos últimos meses, o Margarita Robles (por poner un ejemplo).

 

Qué duda cabe de que Podemos prefiere a Sánchez, con quien es más factible un acuerdo, o al que pueden ganar fácilmente en las urnas si el partido bajo su mando sigue cosechando los malos resultados conseguidos hasta ahora. Porque el objetivo, no hay que llamarse a engaño, es fagocitar al PSOE como han hecho con IU. No hay el menor interés en lograr un acuerdo de la izquierda para derrotar a un Partido Popular comido por la corrupción y que necesita, urgentemente, una larga travesía del desierto que limpie las siglas y les devuelva la honorabilidad de la que ahora carecen.

 

No, Pablo Iglesias quiere el poder, en exclusiva, para mandar, controlar, manejar, dominar las instituciones. Los socialistas tienen que escapar del abrazo del oso. Caminar solos y, si en el camino se pierden, más vale desaparecer con honra que ser absorbidos sin darse cuenta.

 

Para acabar de cerrar el círculo de la presión y la injerencia, Podemos ha convocado manifestaciones de apoyo justo este fin de semana de vísperas. Lo de menos es la moción ¿de qué?, lo importante es hacerse con el liderazgo de la oposición y, a fe, que lo están consiguiendo sin despeinarse.

 

Nunca la socialdemocracia europea, esa que instauró el sistema de bienestar y de derechos básicos de la ciudadanía, ha vivido horas más bajas. La crisis y sus terribles secuelas han dañado las expectativas de unas clases medias empobrecidas y ninguneadas, dispuestas a echarse en brazos de populismos, a izquierda y derecha, hartas de austeridad.

 

Podemos ha superado "manu militari" sus discrepancias internas. Los que apostaban por el acuerdo han sido marginados. La posibilidad de acuerdo, ahora, no es posible. Se exige la supeditación.

 

La militancia socialista debe tener muy en cuenta todos estos factores cuando hoy, domingo, deposite su voto en la urna. Dirimen no un problema interno, no una pugna de liderazgo, no la venganza por viejas afrentas o traiciones, sino la supervivencia de unas viejas siglas que, hoy todavía, siguen siendo imprescindibles en la democracia española.

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