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Miércoles, 10 de mayo de 2017

Sor Ferrusola en su convento

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Un documento bancario extraído del sumario del caso Pujol, revela un código en clave que utilizaba la familia con el objetivo de ocultar su dinero en Andorra. El documento, recogido estos días en todos los medios de comunicación, contiene un mensaje manuscrito que habría escrito de su puño y letra la esposa del expresident, Marta Ferrusola.

Ferrusola que se dirige a su gestor bancario en el Principado como "reverendo mosén" y se presenta como la "madre superiora de la Congregación". Pero es que además, para pedir un traspaso de su cuenta a la de su hijo, Jordi Pujol Júnior, solicita el traspaso de "dos misales de mi biblioteca a la biblioteca del capellán de la parroquia". El mensaje termina con una última orden: "Él ya le dirá donde debe colocarse".

 

La nota manuscrita se incluye en un extracto de solicitud de operación bancaria de la Banca Reig (posteriormente AndBank), donde se recoge la cantidad de 2 millones de pesetas -que corresponde a los "dos misales" indicados-. El manuscrito está fechado el 14 de diciembre de 1995, es decir hace casi 22 años, por lo que habrá que ver si estas operaciones mafiosas terminan por ser un capítulo oscuro de esta familia sin escrúpulos pero sin consecuencias judiciales y penales.

 

Hace poco en una columna yo me refería a la madre de los Pujol como la "jefa del clan" pero esto de convertirse en "madre superiora" como ella misma se definía, retrata todavía mejor a un personaje nefasto, maquiavélico, cuya influencia en el clan manejando a su antojo el dinero, moviéndolo en paraísos fiscales y abroncando a su marido y sus hijos como si fueran marionetas ya es innegable, como lo es que la familia amasó una fortuna de miles de millones de euros.

 

El otro día Ricardo Colmenero escribía una columna estupenda haciendo un paralelismo muy certero de este mensaje encriptado de la matriarca: "Los últimos documentos, con una madre superiora, un reverendo, un capellán y misales bailando de biblioteca en biblioteca exigiría quitarle la instrucción a la Policía Judicial y directamente a fray Guillermo de Baskerville y su pupilo

Adso de Melk, protagonistas de El nombre de la rosa. Quizá sólo así podríamos orientarnos en la laberíntica biblioteca de los Pujol, encontrar a los políticos que degustaron su literatura con la lengua y un dedo manchados de negro, y hasta puede que el libro perdido de Poética de Aristóteles, que va sobre la risa. Con ellos habríamos sabido antes del papel de Marta Ferrusola en la abadía de Andorra, y además con unos escritos de acusación bellísimos: "Encuentro difícil convencerme a mí mismo de que Dios introdujera a un ser tan malo en la creación sin dotarlo de algunas virtudes" se decía en el artículo. ¡Que gran verdad!

 

La madre superiora no quería nadie que relatara lo que ocurría en su convento, por eso nos odiaba a los periodistas que osábamos criticar su forma de actuar ni siquiera nos "tragaba" en el momento de mayor carisma y popularidad de su esposo, cuando algunos la miraban como quien pudo haber sido y no fue como una Evita Perón catalana a las que todos rendían pleitesía. Ella nos ponía a todos bajo sospecha: a los más próximos ideológicamente al partido de su marido les criticaba porque no eran lo suficientemente radicales y a los demás o les veía una tibieza patriótica insufrible para su convento o les enviaba a la Inquisicion nacionalista por su abyecta sumisión a los intereses de "Madrid". "Váyase usted a la mierda", le dijo a unos periodistas que esperaban a la puerta de su casa para preguntarle por las noticias que aparecían sobre la corrupción de este clan mafioso.

 

Pero no solo humilalba a los periodistas, se mofó en sede parlamentaria de las preguntas de sus señorías y humillaba a cualquiera que se le pusiera por delante e intentara atacar a su familia corrupta. Sor Ferrusola ha repartido estopa a todo el mundo para poder seguir robando a manos llenas. Su fuerte carácter atestigua la impronta que ha dejado en el clan. Todavía hoy, en su pueblo natal, Queralbs, incrustado en pleno Pirineo, en las faldas de la estación de Núria, su marido, Jordi Pujol, no es Jordi Pujol. Ni es el ex President. Es el marit de la Marta (el marido de la Marta) y así ha sido siempre. Ya se sabe lo que dice el

dicho popular que ella ha hecho cierto y aplicado en primera persona: "para lo que me queda en el convento."

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