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Martes, 2 de mayo de 2017

Mundos paralelos

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Cada vez que logro escapar del cerco, cada vez más insoportable, del espectáculo político y la marabunta mediática y huyo a los territorios por donde transita el común de las gentes acabo con la sensación creciente de vivir en un mundo paralelo. Y creo, que el más de ficción es el nuestro. Porque en un lado la vida aparece como real, con sus aromas y sus espinas, y en el todo tiene un tufo muy potente a circo. En ciertos casos y momentos a grotesco esperpento.

No quiere decir esto en absoluto que el personal es ajeno a lo que sucede y desde luego los casos de corrupción sacuden su ánimo y devastan su confianza. Pero también la arrasan las pantomimas, las cacerías, las dobles varas, el oportunismo y la mentira. Las escenificaciones partidarias y las declamaciones, también y muy notoriamente, de parte suenan a lo que con: impostación y hasta crudamente impostura.

 

El recelo, la percepción del olor a podrido está ahí. Y es grave, muy grave. Pero cuando de pronto aparece su segunda derivada emerge también lo que algunos parecen haber perdido: el sentido de la realidad y la realidad de las cosas. Lo que algunos redentores clamorean hace que retorne el sencillo mirar, que de simple no tiene nada, y que la respuesta al pretendido pastoreo a no se sabe que praderas feraces que se malicían que pueden ser desiertos gélidos se resume en que a pesar de que si uno se tira demasiado tiempo ante la tele, o algunas teles, pudiera pensarse que esto anda entre Somalía y Bananas pues que no, que es España. Y tiene un vivir y un marchar que no, para nada, de lo malo y si tirando a mucho mejor que en lo que concluyen, y los ejemplos son todos, sus presuntos paraísos.

 

En lo que vaya derivando todo lo que ahora se anda pasando por los patios políticos lo mejor es confesar que puede salir con barbas o la Purisima. Pero que la sociedad española, aunque a veces se las traiga y seamos de alivio y de comer aparte, tiene energía, más sensatez y cuajo que muchos de los que la representan y más sentido, que no hace falta que sea en este caso de Estado, sino común y corriente. Que más valdría que en medio de este revoltijo vieramos por determinados pagos, al menos un gramo.

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