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Martes, 25 de abril de 2017

La gente del PP

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"La gente del PP no se porta mal nunca" afirmó campanudo el Presidente del Gobierno, Mariano Rajoy, en el Congreso de las Nuevas Generaciones de su partido celebrado este pasado fin de semana en Sevilla. En otro momento, la aseveración del líder del PP no hubiera dejado de ser una gracieta propia de su peculiar sentido del humor. Pero la hizo justo el día en que el ex-Presidente de la Comunidad de Madrid, Ignacio González, estaba con un pie en la Audiencia Nacional y con otro en la cárcel de Soto del Real, donde efectivamente acabó pernoctando desde el pasado viernes.

El PP ha pasado su particular semana de Pasión durante la semana de Pascua. Primero fue la citación de Rajoy para que declare en calidad de testigo en una de las piezas de la trama Gürtel. Y a continuación vino lo de Ignacio González que no ha sido un cualquiera dentro de las filas populares. Por eso, la afirmación de Rajoy ante los jóvenes militantes de su partido se compadece mal con un diagnóstico serio de un fenómeno, la corrupción, que ha hecho mucho daño a los populares, aunque no sea algo exclusivo de estos.

 

El partido que lidera Rajoy ha tenido la "suerte" de que los casos de corrupción que más directamente le afectan hayan salido a la luz en unos años en los que el PSOE ha vivido en una profunda crisis interna, de la que todavía no se ha recuperado y de la que nadie se atreve a asegurar que lo haga en los próximos meses, tras las primarias que celebrarán para elegir nuevo secretario general. Y el segundo factor que ha jugado a favor del PP en ese escenario de casos de corrupción ha sido el miedo a que el populismo que encarna Podemos pudiera llegar a gobernar en España. Si no fuera por ambos hechos, el PP estaría en una situación, electoralmente hablando, mucho más delicada.

 

Pero si el PP se queda en ese análisis a corto plazo, más temprano que tarde, le pasará factura. Véase lo que acaba de suceder este domingo en Francia en la primera vuelta de las elecciones presidenciales. Los dos partidos "tradicionales", la derecha y los socialistas, se han quedado fuera de la carrera electoral. Han triunfado la extrema derecha de Le Pen y un nuevo partido de centro liderado por un joven político, Emmanuel Macron, que muy probablemente sea el que dentro de dos semanas consiga llegar al Eliseo. 

 

No es que en España tenga que suceder exactamente lo mismo, pero motivos hay más que suficientes para que los ciudadanos estén hartos de dos partidos, el PP y el PSOE, que son los que han gobernado en este país desde la transición política. Tienen a su favor que la alternativa por la izquierda es un populismo casposo como el de Podemos y en el centro-derecha, un proyecto político todavía incierto, como el de Ciudadanos. Pero ni populares ni socialistas deberían echar en saco roto lo sucedido en el país vecino.

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