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Martes, 11 de abril de 2017

¿ETA derrotada?

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Al hilo del paripé propagandístico montado el pasado sábado en Bayona por ETA y sus acólitos con la pantomima del desarme, han sido muchos los responsables políticos que han vuelto a repetir de forma enfática el mantra de que la banda terrorista ha sido derrotada por el Estado de Derecho, por la democracia, por la unidad de las fuerzas políticas y por no se sabe por quién más, olvidándose por cierto en la mayoría de los casos, del trabajo sufrido, abnegado y eficaz de los Cuerpos y Fuerzas de Seguridad del Estado.

Decir sin más que ETA ha sido derrotada es una verdad a medias, que como se sabe es la peor de las mentiras. ETA es algo más que un grupo terrorista. Nació en 1959 como fruto de una escisión en el seno de las juventudes del PNV con el objetivo de conseguir la ruptura y la destrucción de España, decidiendo utilizar la violencia para conseguir ese objetivo, primero durante la dictadura de Franco y luego en la democracia. ETA encarna desde sus orígenes un proyecto político totalitario incompatible con un sistema democrático. Por lo tanto, lo correcto sería decir que ETA ha sido derrotada policialmente, gracias, insisto, fundamentalmente a la Guardia Civil y a la Policía, pero se está muy lejos de conseguir la derrota política de lo que la banda terrorista representa.

 

¿Hay voluntad de conseguir esa derrota política de ETA? No parece que ni este Gobierno del PP ni el resto de partidos políticos estén por la labor. Y eso que la ley de partidos que permitió en su día la ilegalización de las diferentes marcas de ETA sigue todavía vigente. Se va imponiendo poco a poco en la opinión pública ese buenismo tontorrón y falso de que todas las ideas políticas son defendibles en democracia, sin aceptar que esta sería la primera interesada en no admitir en su seno a proyectos políticos de corte totalitario que lo único que buscan es su desaparición.

 

Y luego están las grandes sacrificadas en todo este proceso, que no son otras que las víctimas del terrorismo. Ellas fueron asesinadas por ETA por ser simplemente españoles, aunque a esa condición se añadiera el que vistieran un determinado uniforme o militaran en partidos políticos que defendieran la Constitución y la libertad en el País Vasco. Si en el final policial de ETA, las víctimas son humilladas y vejadas con, por ejemplo, la concesión de beneficios penitenciarios a los presos de la banda, se estaría haciendo un flaco favor a la Memoria, a la Dignidad y a la Justicia que se merecen esas víctimas. Y un país, unas instituciones, una sociedad, que no sabe honrar a sus héroes, que eso son las víctimas de ETA, tiene un grave problema de índole moral.

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