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Domingo, 26 de marzo de 2017

El desembarco de Susana

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Por fin, tras meses de amagar, tras años de poder en la sombra, Susana Díaz desembarca en Madrid decidida a liderar el PSOE y no lo hace de forma discreta o tímida. No, lo hace a lo grande.

Arropada por toda la estructura del partido presente y pasado. Incluso se ha buscado el acompañamiento de varias generaciones de militantes para demostrar que la base, sea cual sea su edad, respalda su candidatura.

 

Desde Felipe González a Zapatero, de Alfonso Guerra a Rubalcaba. Todos los que han sido algo en el socialismo español se han conjurado para frenar a Pedro Sánchez. Porque no todos simpatizan con la dirigente andaluza. Los hay que incluso tienen cuentas pendientes, viejos agravios y el temor a trasmitir una imagen de viejo aparato.

 

Pero, en la peor crisis interna que ha vivido el PSOE, y tras la entrevista de Pedro Sánchez con Évole en televisión, consideran que el riesgo de ver reducido un partido centenario a la irrelevancia está ahí. No quieren aventuras con Podemos, consideran a Pablo Iglesias su oponente político y tampoco quieren aventuras con los independentistas catalanes. Por eso van a escenificar hoy mismo un toque de corneta para salvar los muebles de la imparable pérdida de votos.

 

Saben que la militancia está muy quemada, que es imprevisible, que el fatídico Comité Federal que decapitó a Sánchez y abrió el camino de la abstención a Rajoy ha dejado heridas incurables. Pero sobre todo han echado una mirada a su alrededor, a lo que está sucediendo en la socialdemocracia europea y como Corbyn con su apoyo al Brexit y Benoit Hamon, que desbancó a Valls contra todo pronóstico en la carrera a la presidencia francesa, han dejado sus siglas al borde del descalabro irreversible.

 

Y fue la militancia, en primarias, la que los aupó al poder con gran regocijo de la derecha en un acto de rebeldía ante la falta de sensibilidad social de los líderes socialdemócratas europeos ante las heridas que la crisis económica ha infringido a los más desfavorecidos. Ante su complicidad con los recortes, ante su tolerancia con la desigualdad.

 

Sánchez ha sabido agarrar al vuelo ese banderín del desencanto que tanto atrae a la militancia de base pero que no convence de los votantes del PSOE que son, en último término, los que permiten en democracia llegar al poder. Contra ese espejismo se ha montado la gran escenificación del desembarco de Susana Díaz.

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