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Sábado, 18 de marzo de 2017

Los crímenes de ETA no caducan

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Los cazadores de nazis continúan la búsqueda de presuntos asesinos y eso que han pasado ya más de setenta años desde que concluyera la II Guerra Mundial y el holocausto judío perpetrado por el nacionalsocialismo, la ominosa persecución, encierro en campos de concentración y ejecución/eliminación de personas consideradas inferiores por los seguidores de Hitler.

[Img #57700]En el País Vasco hace también más de medio siglo se creó una banda terrorista que acometió su presunta defensa política de derechos nacionalistas con el único argumento discursivo del tiro en la nuca, las bombas y los atentados indiscriminados contra inocentes. O sea, el mismo comportamiento nazi en ambos casos, el mismo fin genocida, acabar con los otros porque los otros no les gustaban, ni su pensamiento, ni sus ideas, ni su presencia.

 

Los etarras han intentado usar argumentos políticos para justificarse. Pero quitar la vida a otras personas nunca tendrá una explicación y menos una excusa política. Los políticos tratan de arreglar las diferencias con debates y democracia, es decir con las herramientas de la civilización, el respeto a la pluralidad y la discusión en estrados, foros y parlamentos, pero nunca con disparos por la espalda, atentados contra niños, bombas en aeropuertos y secuestros, todos ellos crímenes execrables que, además, no caducan. Los asesinatos cometidos tienen que dirimirse ante la justicia.

 

Que los etarras aún existentes, terroristas al fin y al cabo, pretendan una amnistía y la obtención de licencias para ejercer cargos públicos, puestos políticos y prebendas con cargo a los impuestos de las víctimas de sus felonías y fechorías criminales es poco menos que reírse de los muertos que han dejado a lo largo de todas estas décadas. Los años del plomo etarra han tenido consecuencias: casi un millar de personas asesinadas, miles de heridos, miles de amenazados, miles de personas sin libertad de expresión y atenazadas por el miedo, la diáspora vasca, es decir, miles de desplazados por el terrorismo. Todas estas atrocidades no se pueden quedar en nada y menos si los violentos o exviolentos no muestran arrepentimiento por el daño causado, si es que a matar o mutilar a otras personas se le puede calificar sólo de "daño". 

 

Que ahora entreguen las armas no es más que otro paso hacia la desaparición de una etapa de terror, pero ese hecho no finiquita la acción de la justicia, sencillamente porque los hechos terroristas no deben de volver a repetirse y menos a quedar impunes. Los etarras pueden entregar las armas, pero no pueden irse de rositas los criminales implicados en atentados sin resolver. Lo de ETA ha sido otra doctrina totalitaria y perversa.

 

El Instituto para la Memoria Nacional de Polonia, institución pública encargada de investigar los crímenes cometidos por el nazismo y el comunismo, ha pedido a EEUU la extradición de un anciano de 98 años, que se convirtió en un anónimo carpintero, pero al que acusa de pertenecer en las temibles SS y de haber asesinado a 44 polacos. Pues, en el mismo sentido la Justicia debe trabajar para esclarecer los crímenes de ETA.

 

Muchos etarras, como los nazis, han escapado a otros países y se esconden para intentar disfrutar la vida, huidos eso sí, después de haber quitado la vida y haber impedido ese disfrute del que gozan a las víctimas de su violencia. Con el paso de los años algunos se arrepienten y otros asumen que debe primar la paz, pero parece que todavía hay quiénes no están dispuestos a pedir perdón, mientras reclaman una amnistía que sería indigna para los familiares de los muertos. La entrega de las armas abre una nueva era, no obstante, y es de esperar que la violencia vaya desapareciendo, también la de la coacción, de manera que la gente pueda vivir libre y sin tener que esconderse ni girar la cabeza por temor.

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