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Martes, 14 de febrero de 2017

El dúo Rajoy-Iglesias

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No forman el "dúo dinámico", pero sií han salido de los Congresos de sus partidos celebrados este pasado fin de semana como líderes indiscutibles. Uno, Rajoy, no tenía rival y por lo que se vio en el Congreso del PP, puede que no lo tenga en bastantes años. Otro, Iglesias, sí lo tenía, Iñigo Errejón, al que ganó de forma aplastante tanto en la composición del órgano de gobierno de Podemos, el Consejo Ciudadano, como en los documentos políticos y organizativos que marcarán el rumbo de la formación morada.

Rajoy e Iglesias, a primera vista, no tienen nada que ver en ningún aspecto personal ni político. Digo a primera vista, porque si se escarba un poco, se pueden encontrar algunas semejanzas. Por ejemplo, el afán de poder de ambos. Rajoy ya no disimula su intención de seguir al frente del PP y, si los electores así lo deciden, al frente del Gobierno de España más allá de lo que dure la actual legislatura, algo que está exclusivamente en sus manos, porque es el Presidente del ejecutivo el que tiene la facultad constitucional de adelantar o no las elecciones generales.

 

En cuanto a Iglesias, ese afán de poder se le vio de manera patente cuando tras las elecciones de diciembre de 2015 convocó una rueda de prensa para nombrarse a sí mismo vicepresidente de un hipotético Gobierno liderado por Pedro Sánchez, pero en el que además exigía el control de Interior, es decir, de los Cuerpos y Fuerzas de Seguridad del Estado, del Centro Nacional de Inteligencia, Defensa y RTVE entre otras Instituciones. Luego, con el paso de las semanas cometió el error estratégico de no abstenerse o votar a favor de la investidura de Sánchez, lo que llevó a unas nuevas elecciones en junio del pasado año que desembocaron en la investidura de Rajoy gracias a la abstención del PSOE.

 

Para completar el tablero político falta una pieza fundamental: quien será el nuevo líder del PSOE. Porque a los efectos de un posible entendimiento de la izquierda, no es lo mismo que el próximo secretario general de los socialistas vuelva a ser Pedro Sánchez o que por el contrario se haga con el liderazgo del partido la andaluza Susana Díaz, que por otra parte sigue a día de hoy sin confirmar oficialmente que se presentará a las primarias. Con Sánchez, la alianza PSOE-Podemos y si fuera necesario los partidos independentistas de Cataluña sería algo más que una especulación. De hecho, el defenestrado secretario general de los socialistas ya lo intentó después del pasado verano y estuvo a punto de conseguirlo. Mientras, en el otro lado de la orilla, Rajoy contempla con su calma chicha la crisis que ha vivido Podemos y que está todavía por resolver del todo, y en la que todavía está instalado el PSOE. El político gallego va a lo suyo: nadie en su partido le discute el liderazgo y muchos coinciden en que hay Rajoy para rato, con perdón.

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