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Martes, 31 de enero de 2017

Morir matando al PSOE

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Que Sánchez se iba a presentar a las primarias y más después de la "traición" de López era de cajón excepto para algunos analistas que de tanto que les cuentan acaban por no ver lo que tienen ante sus propios ojos. Evidencia se llama, obviedad también pero en estos tiempos están ambas muy en desuso, porque prevalece la humareda y los argumentos retorcidos como rabos de lagartija.

Sánchez se iba a presentar ante todo y sobre todo porque es Sánchez, por terquedad, por sectarismo, por venganza, por iluminación y, además e incluso sobre todo, porque no le queda otra y no tiene nada que perder. Y más después de la que le han hecho sus "pretorianos" Luena, Hernando, Armengol y el susodicho López, el susurrante aconsejador, "Pedro déjalo ahora, el escaño y eso, para luego apoyarte todos mejor", y luego era que "ahora me presento yo".

 

Si algo era y es notorio en Sánchez es su dureza y agresividad. El personaje lleva la ira en la mandíbula y la tozudez en la coronilla. Lo ha demostrado siempre y en cualquier lugar sobre todo en cuanto tuvo poder en la mano, antes de tertuliano y de meritorio en el partido lo disimulaba más, con extraños, enemigos y propios: peores enemigos aún. Ahora va a ser aún peor.

 

Pedro Sánchez está decidido a morir matando. Pero matando a su propio partido que es ya, amortizado él para la sociedad española, al que puede dañar, malherir y hasta finiquitar. Lo escribí después de aquel traumático Comité Federal. "España se ha librado de Sánchez, pero ¿logrará el PSOE hacer lo mismo, conseguirá sobrevivirlo?" y ya que estamos de citarnos justo tras el anuncio de Patxi señalé que Pedro estaba ya en clave "yihhad" y esa "guerra santa" va, por si no lo saben, primero que a por nadie a por los propios "fieles desviados". En eso está Pedro y en ese concluirá, da igual si tiene que "morir", que ojo puede ganar, pero lo hará "matando". No tengan duda alguna. Y menos que nadie los de Patxi y los de Susana después.

 

Pedro Sánchez además ahora está libre de cualquier atadura y se muestra tal como es o, mejor dicho, como se ha ido haciendo en su creciente delirio y sectarismo resentido donde el rival, el PP es tan solo una fetidez a exterminar. Sánchez es el que emergió en "Salvados", el que ya no esconde que lo que quiere es abrazarse a Podemos y llegar a Moncloa con quien sea y sin hacer ascos a que sea del brazo de Puigdemont y Rufián. En eso se condensa todo su cuerpo de doctrina con su "No es No" grabado como consigna total.

 

El asunto, peliagudo para el PSOE, es que la andadura de Sánchez, y antes del precursor del podemismo, José Luis Rodríguez Zapatero, dejó a un partido en cueros y en tinieblas. Una militancia cada vez más escuálida pero crecientemente sectaria y fanática y ya no en proyectos sino en odios. Las bases socialistas han derivado en buena parte a posiciones ajenas y alejadas a la socialdemocracia y al espíritu de respeto y de búsqueda de acuerdos con otras fuerzas democráticas de la transición. Cada vez menos pero cada vez más radicales, capaces de insultar a sus propios símbolos y referentes, cada vez, aunque no lo crean, menos PSOE. Y más Podemos o como se quiera la llamar la ultraizquierda actual.

 

Con eso y con ellos cuenta Sánchez y con ellos confía en ganar. Esa victoria que sería para el PSOE la hecatombe final. Basta con pensarlo un instante para percibir la magnitud del terremoto y de que iba a dejar convertido en puro escombro. Todo el poder territorial arrasado, toda su impronta e historia destruidas. Y lo peor, entregadas. Porque la inmediata de Sánchez sería la entrega a Podemos. El santo, desde luego, aunque quizás le dejaran la peana a él. Pero es que si se piensa un poco es donde cada vez parece estar más su sitio y donde, pase lo que pase, va a acabar. Y ante ello se me ocurre ¿Y si se piensan un trueque con Errejón y se resuelven un problema los dos?

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