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Jueves, 12 de enero de 2017

Fiscalizar las cuentas de la Iglesia

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La política es una de las actividades más nobles, pero la sociedad desconfía de los políticos y les sitúa entre sus primeros "problemas". No es por casualidad. Algunos políticos, no todos, dan cada día argumentos para que los ciudadanos piensen así. No es un problema de casta ni de nueva o vieja política. Hasta los que llegan vírgenes pierden la virginidad inmediatamente. Pasan de la bisoñez a la mediocridad amenazadora sin problemas de conciencia. Basta mirar a Podemos y sus luchas internas. Otro tanto podría decirse de la izquierda en su conjunto. Un filósofo de izquierdas, más libertario que otra cosa, Antonio Escohotado, dice que "el problema de la izquierda es que es polar, como los adjetivos, en vez de ser sustantiva, como los nombres". Y otro, Fernando Savater, asegura, con razón que "el populismo trabaja siempre contra la mitad de la población". O contra todos.

PSOE y Unidos Podemos acaban de presentar en el Congreso una propuesta para que el Tribunal de Cuentas fiscalice y elabore un informe sobre el sistema de asignación tributaria a la Iglesia Católica a través de la cuota voluntaria del 0,7 por ciento del IRPF. Quieren un informe anual para que todo esté "controlado y auditado". Seguro que la Iglesia no tiene problemas. Ni unos ni otros saben que esas cuentas están auditadas y que la Iglesia presenta sus cuentas cada año con una transparencia que para sí quisieran partidos y sindicatos. Y deben ignorar alevosamente también que esa cuota es voluntaria y que de pedir alguien la fiscalización deberíamos ser los que marcamos la X cada año.

 

Cuando los católicos nos oponemos, por ejemplo, al aborto libre y voluntario, incluso de menores de edad sin consentimiento paterno, los que están a favor dicen como argumento "de peso" que "nadie obliga a abortar". Pero no lo aplican en este caso en el que ellos no están de acuerdo. Bastaría, siguiendo su argumento con que no pongan ellos la X, aunque, estoy seguro, muchos militantes de Podemos y del PSOE marcan esa casilla libre y voluntariamente porque saben bien a qué dedica ese dinero la Iglesia Católica. A mí me gustaría que todos los contribuyentes pudiéramos decidir si con el dinero de nuestros impuestos se financia parcialmente, además de a la Iglesia Católica y a las ONGs, a otras confesiones religiosas, a los partidos y a los sindicatos. Eso sí que sería transparencia y participación ciudadana.

 

Las cuotas que los ciudadanos dedican, con la misma libertad, a pagar su afiliación a partidos y sindicatos son desgravables en ese mismo impuesto. El PP declara más de 850.000 afiliados, 391.000 Podemos y 190.000 el PSOE. Sólo entre los tres casi 1,5 millones. Pero sólo 90.000 se desgravaron esas cuotas. Y también dos millones de sindicalistas, cifra que coincide bastante con los datos de afiliación actual de Comisiones y UGT. Es decir que o los militantes de los partidos son tontos o es falso lo que declaran los partidos o, lo que es peor, existen pero no pagan sus cuotas. Sería mejor que el PSOE, al menos, y Podemos aclararan sus cuentas y vivieran de los ingresos de sus militantes en lugar de vivir de la demagogia y de las subvenciones que se otorgan ellos mismos del dinero público.

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