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Jueves, 12 de enero de 2017

No disparen a Cifuentes

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Sobre la presidenta de la Comunidad de Madrid y de la gestora del PP madrileño, Cristina Cifuentes, se ha abatido un huracán de malestares y muestras de desconfianza por haber propuesto que su partido adopte el criterio de “un militante, un voto” para hacer posible la elección directa del líder del PP.

El abanico de críticas es amplio: desde que copia lo que funciona mal en otras formaciones hasta que va demasiado lejos en relación con el sistema tradicional de elección del líder por compromisarios o que constituye un desafío a Mariano Rajoy. Estas reacciones muestran la falta de costumbre del PP sobre lo que deben ser los congresos de los partidos, que no tienen que convertirse en una exhibición de unanimidades.

 

Ante el congreso nacional convocado para el mes próximo, la dirección del PP había previsto que los militantes votaran en una primera vuelta; después, esa suerte de grandes electores que son los compromisarios tendrían el poder de decisión sobre el liderato en una segunda y definitiva vuelta. El sistema, ideado por el vicesecretario de Organización, Fernando Martínez-Maillo, puede ser válido, desde luego, pero no más democrático que atribuir directamente a la militancia la capacidad de decidir.

 

Más allá de cuál sea la suerte de estas reformas internas, el Partido Popular no solo dilata demasiado la celebración de sus congresos —el último de ámbito nacional se realizó hace cinco años— sino que, como pone de manifiesto este episodio, no tiene suficientemente asumido que los congresos de los partidos están para debatir y tratar sobre los asuntos que la militancia quiera proponer. Y la forma de elección del presidente es una cuestión como para debatirla en un congreso. Plantear que cualquier fórmula que no sea exactamente la prevista por la dirección orgánica supone desafiar a Rajoy es un dislate.
 

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