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Jueves, 12 de enero de 2017

El lógico cierre del Consejo para la Competitividad

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Los miembros del Consejo Empresarial para la Competitividad (CEC) decidieron ayer la disolución de esta asociación de común acuerdo tras casi seis años de actividad. La razón oficial que ya no hace falta. El CEC "se constituyó como un think tank que suma compromisos y esfuerzos para aportar propuestas que mejoren la competitividad, ayuden a la recuperación económica y fortalezcan la confianza internacional en España", como explica el propio organismo.

Se trataba entonces, en febrero de 2011, de apoyar al Gobierno socialista de José Luis Rodríguez Zapatero, sobre todo en el exterior, a capear la recesión. Y nació también en un momento clave para el asociacionismo empresarial, pues el prestigio de la patronal CEOE se encontraba bajo mínimos tras la presidencia de Gerardo Díaz Ferrán, condenado en 2013 por la quiebra de la empresa de su propiedad Viajes Marsans y por fraude fiscal en la compra de Aerolíneas Argentinas.

 

Pero siempre se ha visto al CEC como el lobby de las principales empresas españolas, que unieron su voz en momentos difíciles para tener más fuerza en las negociaciones con el Gobierno, justo cuando el país necesitaba con urgencia reformas que podían afectar a sus negocios. En sus primeros años de vida, varios de sus miembros viajaron a los lugares neurálgicos de la inversión mundial para resaltar las capacidades de la economía española. Sin duda, es lo mejor que ha hecho el CEC por el país.

 

Este exclusivo club ha estado compuesto por 15 grandes compañías de la Bolsa, desde Telefónica hasta el Banco Santander, pasando por Iberdrola, Inditex o Repsol y otras que no cotizan, como El Corte Inglés y Mercadona, más tres representantes del Instituto de Empresa Familiar. La fuerza de estas compañías estriba en que dan empleo a más de 1,7 millones de trabajadores y facturan alrededor del 35% del PIB español.

 

El CEC ha influido en algunas de las más importantes decisiones del Gobierno de Rajoy, como la reforma laboral. Además, durante los 10 meses de impasse político, sus miembros han apostado claramente por la formación de un Gobierno encabezado por el PP y continuador de las reformas emprendidas en la anterior legislatura.

 

El CEC fue impulsado por empresarios españoles señeros, como Leopoldo Rodés, César Alierta, Emilio Botín o Isidoro Álvarez, entre otros. Hoy, algunos de ellos han desaparecido y sus sucesores no han puesto el mismo empeño en seguir con el proyecto. De hecho, César Alierta ha sido el único presidente de la organización en estos seis años porque nadie más ha querido ocupar su puesto.

 

Hoy, con la situación económica encarrilada, con una CEOE que ha retomado su pulso -Alierta siempre ha respaldado la renovación de la patronal emprendida por Juan Rosell- y con el menor interés de los miembros más jóvenes del Consejo en su mantenimiento, el CEC echa el cierre a sus actividades. Hay que agradecerle los servicios prestados, importantes durante la crisis como hemos dicho, pero tampoco se le va a echar de menos porque apenas tenía ya actividad. Y, no nos engañemos, las grandes empresas tienen otros medios para continuar influyendo en las decisiones económicas del Ejecutivo.

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