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Miércoles, 11 de enero de 2017

Ensayar antes de decidir

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Finlandia, que tantas veces se ha puesto como ejemplo por los resultados de su sistema educativo y sus exitosas políticas económicas basadas en la competitividad exterior, vuelve a situarse en la avanzadilla de la innovación social, esta vez con una prueba piloto para evaluar la implantación de una renta básica universal como instrumento para combatir la desigualdad y la pobreza. La renta básica se plantea como una de las fórmulas para afrontar la pérdida de empleos asociada a la revolución digital y la automatización de los procesos productivos.

La medida aprobada por el organismo que gestiona la Seguridad Social finlandesa tiene un alcance limitado —unas 2.000 personas recibirán una renta mensual de 560 euros—, pero tan interesante como la propuesta en sí es el método seguido. En lugar de embarcarse en largos y enconados debates ideológicos sobre la renta básica, el Gobierno ha decidido probarla para evaluar cómo incide en el gasto público, qué efectos tiene sobre la desigualdad y qué cambios culturales provoca.

 

Entre los inconvenientes de la renta básica figuran su elevado coste y una posible desmotivación para el trabajo. Estudios de la OCDE apuntan que el coste no es un gran obstáculo en los países que ya tienen un elevado gasto social, pero sí en el resto. En cuanto a la motivación, se trata de saber a partir de qué cuantía la renta desincentiva el deseo de trabajar. Al respecto resulta también muy interesante la experiencia que se ensaya en Utrecht y otros 19 municipios holandeses, que permitirá comparar diferentes niveles de renta —entre 972 y 1.389 euros— con y sin obligaciones. Cuando ya hay 120 millones de europeos en riesgo de pobreza y exclusión social según Eurostat, resulta muy positivo que alguien intente adelantarse a los problemas que traerá la automatización ensayando fórmulas redistributivas alternativas. La vía del ensayo/error permite tomar decisiones fundamentadas. Ese es el camino.

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