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Sábado, 7 de enero de 2017

¡Es la higiene, estúpidos!

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¿Alguna vez se han parado a pensar cuál es la variable más significativa a la hora de calibrar el nivel de desarrollo de una civilización? Normalmente, se piensa que es su grado de riqueza material, su patrimonio cultural y artístico, valores como la justicia y la igualdad, o su nivel de libertades. Sin embargo, parece que el Turrión, desde su infinita sabiduría politológica, ha encontrado una variable más decisiva y original: «¡Es la higiene, estúpidos!».

[Img #55145]Ante el tuit con el que Esperanza Aguirre festejaba el pasado 2 de enero la toma de Granada, celebrando que las mujeres iban a vivir mejor en la cultura cristiana que en la musulmana, al Turrión no se le ocurrió otra cosa que echarle en cara la falta de higiene de los Reyes Católicos. O sea, vamos, que Al-Andalus era una civilización superior a la España cristiana porque «lavaba más blanco», lo cual significa que las libertades femeninas le importan un pimiento. Y es que, a lo que vamos, eso puede deberse a que en la sociedad islámica no están mal vistos del todo los zurriagazos a periodistas opositoras.

 

Basándose en este criterio tan innovador, ya sabemos por qué los podemitas admiran tanto el Islam, hasta el punto de que para ellos la limpieza personal es un valor muchísimo más importante que el grado de libertad de las mujeres en una sociedad, aunque hayan hecho del feminismo una de sus banderas, que hacen ondear de continuo ante el opresor machismo heteropatriarcal.

 

Quizá también por eso califican a los actos terroristas de los yihadistas ―que nunca han condenado muy claramente― como  «acontecimientos», o se limitan a figurar como observadores en el Pacto Antiyihadista, o han cobrado sus dineros de la dictadura iraní, o están como locos porque Madrid sea la Meca de los refugiados.

 

Pero vamos a ver, yo no sé con cuánta frecuencia se bañaban los Reyes Católicos, pero es un hecho conocido que la higiene no era una práctica muy habitual en la Europa de aquella época. El caso es que, lejos de reconocer la festividad patriótica de la culminación de la Reconquista; lejos de transmitir una vez ―aunque sólo fuera por una vez, y sin que sirviera de precedente― un poco de patriotismo y de amor a España, el Coletudo Mayor vino a caer en otra ofensa premeditada a los valores patrios, a la historia de esta España que, aunque sea muy a su pesar, es la tierra donde ―para nuestra desgracia― ha nacido. Podía haber visto la luz en Venezuela, en Irán, en Cuba, o en cualquier otro lugar que tuviera una esplendorosa higiene. También es mala suerte.

 

Así que la Hispanidad fue un genocidio, y la heroica Reconquista consistió en el fondo en que los cristianos le echamos el mal aliento de nuestras bocas a los pobres sarracenos. Pero no crean que esta mamarrachada del Turrión obedece solamente a su ya legendario anti españolismo, no: también se origina en su visceral anticatolicismo, que le lleva a anteponer al higiénico Islam a la maloliente civilización cristiana.

Pero ya lo dijo Santiago Abascal en el tuit con el que respondió al limpio podemita. Vino a decir algo así como «Mira quién habla». Esto me dio que pensar, pues nunca me había parado a reflexionar sobre el grado de higiene es el de los radicales antisistema. Lo que me extraña es que, dada la enorme trascendencia que le dan al tema de la higiene, no figure en el top ten de su programa electoral.

 

Yo, la verdad, ante la penosa imagen estética que dan muchos podemitas, no me atrevo a hablar mucho sobre la frecuencia de sus abluciones. Lo que sí sé es que la higiene es un asunto que se puede medir perfectamente por el olor ―lo que quiso decir el Turrión, en el fondo, es que los Reyes Católicos olían mal―, y a mí esta chusma ―de extracción okupa, rastafari y perroflautera en algunos de sus sectores― me huele a guayabera sudada, a eructo castrista, a vomitona bolchevike de fiestorras rojas colmadas de vodka y balalaika. No puede ser de otra manera, para quienes han invadido nuestra Patria desde las sentinas de buques bolivarianos, desde las cloacas del inframundo, desde los escoriales de la democracia, desde los vertederos de la Complotense.

 

Y como además hay entre ellos quienes orinan en la calle, quienes defecan en las hispanidades, quienes exhuman cadáveres del 36 en noches de luna llena, quienes utilizan a los muertos para arañar votos y rebañar escaños, pues al final tenemos un hedor que llega a Marte, trufado además por variadas corruptelas, por un maloliente universo «black» de trapacerías sin número, por una cohorte de podredumbre que emana desde Podemarca, hasta alcanzar las más limpias estrellas del firmamento español.

 

Si celebrar la toma de Granada es, según las palabras del Turrión, «patrioterismo rancio», en eso le doy la razón a los podemitas, sólo que cambiando «patrioterismo» por «patriotismo»: como España es la nación más vieja del mundo, es lógico que la hispanidad tenga «ranciedumbre», pues su gloriosa antigüedad y ha dejado ese poso en la historia. Y yo me pregunto si la higiene puede borrar la pátina del tiempo, la ranciedumbre que nos da un cósmico pedigree.

 

Otro cantar es el «comunisterismo rancio» que esta chusma va a celebrar entre alharacas exultantes y congas puñoenalto. O sea, no celebran la toma de Granada, pero babosean con la toma de un lejano palacio de invierno. Ya hay quien dijo que la revolución comunista era «hermosa y fraterna», cosa que comentaré ―por supuesto― en otro artículo, porque la frasecilla no tiene desperdicio.

 

Mas el comunisterismo no es rancio, no, ya que realmente a lo que huele es a podredumbre, a la infinita putrefacción de más de 20 millones de cadáveres, a la cal viva de millones y millones de proletarios ―o sea, «gente»― masacrados, torturados, perseguidos, exterminados, purgados en chekas, gulags, campos de trabajo, revoluciones culturales, sierrasmaestras y polpots… Comunisterismo que hiede, que hizo unas nauseabundas «limpias» higiénicas en incontables holocaustos, genocidios, hecatombes y apocalipsis como nunca ha visto la Historia.

 

Sí, famélica legión de momias, de esqueletos, de zombies que miran con sus cuencas vacías desde los armarios de Podemarca, desde los sótanos de Bolivarandia, desde las mazmorras de la Complotense, desde las madrigueras donde se forjan Tuerkas rojas...

 

Sí, podemitas, ha llegado la hora de vuestra higiene, de vuestra limpieza, porque aquí huele a muerto.

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