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Sábado, 31 de diciembre de 2016

La necesaria "colaboración histórica" entre el PP y el PSOE

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El presidente del Gobierno, Mariano Rajoy, realizó ayer un balance del año 2016 y anunció algunas de las intenciones del Ejecutivo y del PP para 2017. Como ya ocurrió en el discurso de investidura del pasado mes de octubre, los términos "diálogo", "acuerdo" o "entendimiento" fueron los más repetidos en su comparecencia ante los medios de comunicación, con referencias explícitas al PSOE, un partido que Rajoy considera necesario para sacar adelante en el Congreso sus principales proyectos legislativos.

No hubo, pues, demasiada novedad en el presidente. Y lo dijo textualmente en una de las respuestas a los periodistas: "Si nadie tiene la mayoría, la obligación del dirigente es llegar a entendimientos y acuerdos".

 

Un Rajoy relajado, que se presentó como valedor de la moderación frente a los populismos, recordó el amplio apoyo parlamentario conseguido en los objetivos de estabilidad presupuestaria y de deuda para el periodo 2017-2019 y del techo de gasto para el próximo año, que fueron aprobados por PP, Ciudadanos y el PSOE. Citó este acuerdo como garantía de la negociación que se abrirá con los grupos políticos sobre los Presupuestos de 2017. También habló del consenso obtenido en el Parlamento sobre las medidas fiscales urgentes para ingresar 8.000 millones de euros y corregir el desvío del déficit público de este ejercicio.

 

El presidente comparó lo "estéril" que fueron los 10 meses en los que España estuvo con un Gobierno en funciones con lo "fértil" que han sido los 60 días de diálogo y citó, además de los grandes acuerdos económicos ya comentados, los avances para iniciar procesos de negociación en el Pacto sobre la Educación, la lucha contra violencia de género, el futuro de las pensiones y la reforma de la Justicia. El presidente no incluyó en esta lista la reforma laboral, uno de los principales puntos de fricción entre el PP y el resto de partidos, después de que hace un par de semanas el pleno del Congreso aprobara una proposición no de ley en la que se instaba al Gobierno a derogarla. Votaron a favor de la proposición todos los grupos políticos, excepto Ciudadanos y la antigua Convergència, que se abstuvieron, y el PP. No ha sido la primera derrota de los populares en estos dos meses de Gobierno.

 

Tras el debate de investidura de Rajoy del pasado octubre dijimos que tan importante era que España contara con un Ejecutivo constituido después de casi un año de impasse político, como que la legislatura pudiera avanzar con una razonable gobernabilidad. Pedíamos "diálogo" a los partidos, pero también visión de Estado y responsabilidad: al Gobierno, porque tenía que ser consciente de que estaba en minoría parlamentaria tras una legislatura de mayoría absoluta, y a los partidos de la oposición, porque la cerrazón a los acuerdos sólo perpetuaría un bloqueo político que podría perjudicar la recuperación económica y la imagen exterior de España.

 

Afortunadamente, y así lo reconoció ayer el presidente del Gobierno, en términos generales ha reinado la cordura y la legislatura empieza a tomar velocidad de crucero, algo de lo que todos debemos alegrarnos. Rajoy reconoció ayer el papel que juega Ciudadanos en este camino, "nuestro socio preferente porque es quien nos votó en la investidura y quiso ser socio del PP".

 

Pero los grandes pactos de Estado que ha planteado el Gobierno necesitan del PSOE para garantizar su estabilidad y así se lo hizo saber Rajoy a los socialistas al reclamar "una colaboración histórica" tras un "bloqueo" que calificó de "histórico". En definitiva, el presidente reclamó un apoyo parlamentario que en las circunstancias actuales sólo puede conseguirse a base de diálogo y negociación.

 

El PSOE debería recoger el guante que le lanzó Rajoy y aceptar tomar parte en el amplio programa de reformas puesto sobre la mesa por el Gobierno. Cierto que los socialistas se hayan inmersos en un proceso de búsqueda de su identidad que está abriendo muchas heridas internas, pero desde que la Gestora tomó las riendas del partido, éste ha demostrado su sentido del Estado y la defensa de los intereses generales.

 

Queda por ver la decisión del PSOE en la aprobación de los Presupuestos. Rajoy no ve "diferencias insalvables", a pesar de la actual oposición de los socialistas. Con todo, estamos ante una oportunidad, también "histórica", para que los dos principales partidos planteen y desarrollen al unísono las grandes reformas que necesita el país. Sería de políticos irresponsables desaprovecharla.

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