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Jueves, 29 de diciembre de 2016

Un mal año

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Seguramente este ha sido uno de los peores años en la historia reciente del PSOE. Si echamos la vista atrás y recordamos al PSOE de 1977 que representaba la modernidad y el cambio y lo comparamos con el PSOE de este 2016 que está a punto de dejarnos, las diferencias son abismales.

¿Cuándo comenzó el declive del PSOE? Pues seguramente cuando empezó a dejar de ser útil para el grueso de la sociedad, cuando dejó de representar los intereses de esa mayoría para dedicarse a hacer filigranas y política de laboratorio bajo la batuta de José Luis Rodríguez Zapatero.

 

Pero seamos justos, el declive comenzó mucho antes ni más ni menos que como consecuencia de demasiados años de ejercicio del poder con un político tan carismático como lo fue en su día Felipe González, al que a los socialistas les ha costado sustituir.

 

Con Rodríguez Zapatero pareció que el PSOE iba a recuperar el rumbo, y de hecho durante su primera legislatura los socialistas volvieron a conectar con una parte importante de la sociedad. Pero Zapatero se enfangó con la política de gestos y los brindis al sol y terminó creando más problemas de los que solucionó. El problema territorial de hoy es consecuencia, entre otras causas, de su frivolidad.

 

No, el PSOE no tuvo buena suerte con Zapatero por más que ahora él se quiera revindicar con el apoyo de una parte del socialismo.

 

Claro que la familia socialista tampoco ha tenido buena suerte con Pedro Sánchez, que logró ilusionar a buena parte de la militancia e incluso del electorado, pero si bien un sector de la militancia le considera su héroe el electorado le ha dado la espalda en las urnas y lo ha hecho de manera clara y contundente, tanto que por pundonor debería de hacer mutis por el foro y dejar de causar problemas a su partido por más que haya un sector que le jalea para que vuelva a primera línea.

 

La reunión de la plataforma "pro" Pedro Sánchez se reunió este martes en Madrid y sin inmutarse sus miembros han dejado dicho que el ex secretario general es una opción de futuro.

 

Claro que más preocupante resulta que haya socialistas que al parecer están dispuestos a romper el carnet de su partido si Sánchez no vuelve a ser secretario general. Y digo que es preocupante porque reducir la decisión de militar en un partido a quien lo dirige es decepcionante. Siempre he creído que se milita en un partido por sus ideas y proyectos y que las personas que lo dirigen son circunstanciales, y más en un partido como el PSOE que tiene más de cien años de historia.

 

Pero el caso es que el PSOE se va a despedir de este 2016 sin líder, sin programa político e inmerso en una batalla interna donde los partidarios de Sánchez y los de Susana Díaz se enfrentan con virulencia dispuestos a no hacer enemigos en la batalla del uno contra el otro. Pero no están solos en ese síndrome autodestructivo. El PSOE ha dejado de ser un partido fiable en cuanto al problema territorial y eso le ha hecho y le hace perder votos.

 

Si en el pasado el PSOE era el partido que más se parecía a la gente, a la inmensa mayoría de los ciudadanos, hoy no se sabe a quién se parece.

 

El 2017 puede ser el año de su reconstrucción, de que resurja de sus cenizas cual ave Fénix o el año en que se consoliden en la irrelevancia. Depende de ellos.

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