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Jueves, 29 de diciembre de 2016

Nada perturba al PP

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Ni la pérdida de la mayoría absoluta en el Congreso, ni el portazo de Aznar, ni los altibajos del día a día de la política. Nada parece perturbar la aparente ataraxia en la que está instalado Mariano Rajoy.

En el más puro darwinismo, el PP está sabiendo adaptarse a los nuevos tiempos de precariedad parlamentaria. Si hay que pactar con Ciudadanos se pacta, si es con el PSOE, también.

 

Su secreto es doble: la debilidad de sus adversarios -las disensiones internas en el caso del PSOE- y el rechazo visceral que provoca Podemos entre la parroquia popular. A lo dicho para explicar el porqué de la cohesión que presenta el PP habría que añadir que este partido ha sabido reunir en sus filas a casi todas las sensibilidades del mundo de la derecha española. El electorado conservador, pese a diferencias ocasionales con la línea seguida por el partido, a la hora de la verdad, sigue apoyándole. Las discrepancias sobre la Ley del Aborto -aprobada en tiempos del Gobierno Zapatero, rechazada por el PP de entonces y no modificada por el PP con Rajoy ya en La Moncloa-, arroja luz acerca de la firmeza de ese vínculo de fondo entre las diferentes familias ideológicas que confluyen en el PP. Otro tanto ocurrió con la política seguida en materia de terrorismo, que ("caso Bolinaga") tanta polémica generó en su momento.

 

Las derechas han aprendido la lección de lo ocurrido con la UCD. Fue la división interna la que barrenó primero y dinamitó después el edificio levantado por Adolfo Suárez y sus allegados. La única vez que en tiempos recientes el PP sufrió un amago de turbulencias fue con ocasión del congreso de Valencia cuando Esperanza Aguirre mecía en la sombra la cuna de la disidencia. Los electores castigan a los partidos que comparecen en estado de guerra civil. Basta con ver lo que está pasando en el PSOE y lo que apunta en el horizonte de Podemos. Por eso llama tanto la atención la estabilidad del PP. A un mes vista de su congreso nadie mueve un dedo contra nadie y todos comparecen dispuestos a mantener a Rajoy al frente de la nave. Llamativa estabilidad. Forjada, sin duda, por el mejor de los catalizadores: el poder.

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