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Miércoles, 28 de diciembre de 2016

Para reducir la polución en las urbes se necesita más que parches

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POR SEGUNDA vez en menos de dos meses, Madrid se prepara para adoptar una medida inédita en España: reducir la circulación del tráfico hasta el extremo de que la mitad de los días sólo puedan circular los vehículos con matrículas impares y, el resto, aquéllos con pares. Las alarmas han vuelto a saltar en la capital debido a que la tasa de dióxido de nitrógeno (NO2) ha vuelto a superar los márgenes establecidos en el protocolo del Ayuntamiento.

 La situación es tal que hoy ya se ha activado el escenario dos, como había ocurrido en el pasado puente de noviembre. Éste contempla que durante la jornada, además de limitar la velocidad máxima a 70 km/h en la M-30 y en los accesos de la M-40 en ambos sentidos, está prohibido aparcar en las zonas delimitadas por el horario SER (Servicio de Estacionamiento Regulado) de la almendra central.

 

La norma rige para todos los conductores excepto para los residentes, motoristas, profesionales y, evidentemente, para aquellos con vehículos eléctricos. Dado este paso, el Consistorio que dirige Manuela Carmena ya está a la espera de saltar mañana al escenario tres: prohibir circular por matrículas. Una realidad más que previsible dadas las condiciones atmosféricas actuales -ausencia de lluvias y cielos soleados-, que potencian la concentración de la polución.

 

Es cierto que los problemas extraordinarios requieren medidas extraordinarias. Y la mala calidad del aire que se respira en Madrid lo es. De hecho, los expertos vienen avisando desde hace años de los nefastos efectos que acarrea la boina de contaminación del skyline madrileño.

 

Mas no hay que obviar el riesgo que supone tomar una decisión tan límite como ésta: aparcar de un día para otro buena parte del parque automovilístico que normalmente circula por la ciudad puede generar un gran trastorno.

 

Decenas de miles de trabajadores se verán afectados por esta medida en cuestión de menos de 24 horas. Por ello creemos que si se dieran las circunstancias que según el protocolo marcan la implantación del escenario tres, el Consistorio debería evaluar mucho si su aplicación es de imprescindible necesidad.

 

Dicho esto, es de justicia poner en valor la actuación del equipo de Carmena en los últimos días. Superados los drásticos errores cometidos en otras ocasiones -sobre todo informativos-, esta vez el Ayuntamiento está procediendo de manera pertinente. Los avisos se están produciendo con anterioridad suficiente -a las 12 horas del día anterior- para que su publicación llegue al mayor número de ciudadanos. Y, si como ocurrió el mes pasado, se muestra capaz de trabajar en colaboración con la Comunidad, los recursos de ambas administraciones harán posible de alguna manera compensar las restricciones de tráfico, al facilitar la movilidad en potenciando el servicio de metro y de autobuses.

 

Pero como ya advertimos entonces, por muy bienintencionadas -y necesarias- que sean las iniciativas del Ayuntamiento, éstas no son más que una suerte de parches que, aunque apaguen la alarma, no conseguirán paliar la situación medioambiental de la capital. El escenario actual así lo demuestra. Para emprender de verdad el camino hacia una ciudad sostenible, lo que se requieren son medidas estructurales. La más urgente, sin duda, pasa por la inversión en infraestructuras públicas para mejorar la movilidad. Pero hay otras no menos interesantes.

 

Por ejemplo, la elaboración de un plan de incentivos más ambicioso para los conductores de vehículos híbridos y eléctricos. Lo que también requerirá una red bien trazada que facilite su uso: es decir, aumentar los puntos de recarga.Otra idea a tener en cuenta es la restricción del uso del coche diésel, cuyas emisiones son las que más contribuyen a esta polución.

 

En este sentido, Madrid ha estado a punto de adscribirse al acuerdo que París y México DF -ciudades con grandes problemas de contaminación- han alcanzado para prohibir los vehículos diésel a partir de 2025. Creemos que se trata de una medida bastante radical, dado el poco tiempo de margen que contempla. Sin embargo, no sería nada desdeñable la opción de limitar progresivamente el tránsito de los diésel según su antigüedad, como ya ha hecho Anne Hidalgo en París. Los gobernantes deben barajar todas las posibilidades para ofrecer un modelo de desarrollo sostenible.

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