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Domingo, 25 de diciembre de 2016

Un rijoso

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La diputada del Parlamento andaluz y coordinadora general de Podemos, Teresa Rodríguez, se topó con un empresario rijoso cuando cumplía sus funciones institucionales.

Manuel Muñoz Medina, fabricante de muebles, quiso demostrar, pese a sus más de setenta años, que sigue siendo un "macho" con capacidad de humillar a una mujer. Y si es una parlamentaria de izquierdas con mayor motivo.

 

Acompañado por otros colegas, ante los que quiso lucirse y que, por cierto, ni le afearon la conducta ni criticaron la escenita, se abalanzó sobre Teresa y colocándole una mano en la boca se besó a sí mismo. Su explicación de lo sucedido y las disculpas presentadas añaden sal a su grosería. Dice que fue "una broma", que se habían tomado unas copas y que estaba imbuido de espíritu navideño.

 

Si se atreve a faltar al respeto a una representante política, elegida en las urnas, aunque seguramente no con su voto, cabe preguntarse cuál será el trato que reciben las trabajadoras de su fábrica. ¿O es que quiso vejar intencionadamente a la representante de Podemos?

 

Esta categoría de personajes que forma parte de la España carca y rancia, que consideran a las mujeres poco menos que juguetes a las que se puede manosear, son el pésimo ejemplo para los adolescentes del siglo XXI a los que se intenta educar en la igualdad.

 

Teresa Rodríguez ha presentado una denuncia y, aunque solo fuera por ejemplaridad, el fabricante de muebles debería recibir una sanción administrativa que evidencie el coste de practicar el machismo vejatorio, antesala de los malos tratos.

 

La violencia contra las mujeres, y esta es una forma de ejercerla, no es un tema baladí que se pueda calificar de broma. No basta con la "generosa" oferta de Manuel Muñoz de desplazarse a Cádiz para pedir disculpas a la agredida. Puede que la denuncia en comisaría, si no se topa con un juez que considere que Teresa Rodríguez lleva los labios con un carmín excesivamente rojo, sea lo que hay que hacer. Que su gesto sirva de estímulo a las miles de mujeres que se ven sometidas a estas afrentas; pero es imaginable el ejercicio de contención que debió practicar la diputada autonómica para no cruzarle la cara de un tortazo.

 

Como vivimos en una sociedad mediática, Muñoz se ha ofrecido a hacer un tour por televisiones y radios para explicar lo sucedido. Solo faltaría que su repugnante actitud encontrara eco en algunos medios y la agresión machista le sirva para hacer publicidad de sus productos. Por cierto, el otro colega que contempló el espectáculo sin mover un dedo, todavía se permitió advertir a la agredida de que tuviera cuidado porque, además, podía venderle un mueble.

 

La Cámara de Comercio de Sevilla debería hacer un comunicado asegurando que ni la junta directiva ni el resto de socios comparten una actitud tan machista.

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