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Domingo, 25 de diciembre de 2016

El cumplimiento de la ley como base del progreso y la libertad

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Felipe VI aprovechó anoche su tradicional Mensaje de Navidad para reivindicar la necesidad del respeto a ley como garantía, no sólo de la convivencia entre todos los españoles, sino como un requisito fundamental para el progreso.

"Vulnerar las normas que garantizan nuestra democracia y libertad solo lleva, primero a tensiones y enfrentamientos estériles que no resuelven nada y, luego, al empobrecimiento moral y material de la sociedad".

 

El Rey no hizo referencia explícita a Cataluña, pero sus palabras contra la "intolerancia y la exclusión, la negación del otro o el desprecio al valor de la opinión ajena" fueron las más claras que ha pronunciado el Monarca contra el totalitarismo que esconden los postulados independentistas desde que asumió la Corona.

 

La decisión de TV3 de relegar a un canal minoritario la alocución del Rey por primera vez en los últimos 30 años es una prueba más de la intransigencia soberanista.El Monarca hizo hincapié en la necesidad de respetar las normas que nos hemos dado entre todos precisamente en un año en el que la Generalitat presidida por Carles Puigdemont ha continuado estirando la cuerda soberanista.

 

Destacados políticos catalanes, desde el anterior president Artur Mas hasta la actual presidenta del Parlament, Carme Forcadell, pasando por el portavoz de la antigua Convergència en el Congreso, Francesc Homs, han empezado a desfilar ante la Justicia acusados, precisamente, de desobediencia a los tribunales -el Constitucional o el Superior de Justicia de Cataluña- por no cumplir la legislación.

 

Esa apelación serena al "respeto a la ley" como fundamento de la convivencia tiene especial relevancia en estos momentos.

 

Y se produce tras la denominada cumbre soberanista en la que se ha plasmado por primera vez un cierto distanciamiento entre las posturas más radicales de ERC y la CUP, que siguen adelante con la celebración unilateral del referéndum separatista, y las más moderadas propugnadas por Puigdemont y la alcaldesa de Barcelona, Ada Colau, que hablan ya de una consulta "acordada" con el Gobierno central. Habrá que dar tiempo al tiempo para ver si fragua un movimiento que nos parece interesante, sobre todo ahora cuando el Gobierno de Rajoy también ha cambiado su posición en esta nueva legislatura y se abre a un diálogo con la Generalitat. Aunque consideramos que llegar a un acuerdo es prácticamente imposible, es positivo que ambas partes tiendan puentes en lugar de buscar el enfrentamiento.

 

Felipe VI también aludió a la "compleja situación política" que ha vivido el país en los últimos doce meses. Se felicitó porque en nuestra sociedad "se haya recuperado la serenidad" y apeló al "diálogo y el entendimiento entre los grupos políticos" que "permita preservar e impulsar los consensos básicos".

 

En efecto, tras un año tumultuoso, todos debemos alegrarnos de que las instituciones hayan podido normalizar la actividad política, imprescindible para el desarrollo económico y social del país. Hay que alabar el sentido de Estado que han demostrado los partidos que han propiciado la constitución de un Gobierno -Ciudadanos y PSOE-, a pesar de la fractura que ha causado en el socialismo la traumática destitución de Pedro Sánchez. Los primeros pasos de la legislatura están mostrando ese nuevo modo de actuar que trae la ausencia de mayorías absolutas y la necesidad de grandes acuerdos.

 

A uno de ellos, el de la Educación, se refirió también Felipe VI en su discurso. Tras hablar del desafío que supone "algo mucho más profundo" que la mera revolución tecnológica que vivimos, pidió "una educación que asegure y actualice nuestros conocimientos; pero que también forme en lenguas y en cultura; en civismo y en valores; que prepare a nuestros jóvenes para ser ciudadanos de este nuevo mundo más libres y más capaces".

 

Tras recordar el "valor que tiene en nuestra sociedad la familia porque su ayuda ha permitido a muchos sobrellevar los peores momentos", el Rey apeló a que esa "recuperación que ya hemos iniciado" llegue a todos con el fin de corregir las desigualdades acentuadas por la grave crisis que hemos padecido.

 

Éste ha sido un año difícil para Felipe VI tanto en lo personal como en lo institucional -bloqueo político, auge del independentismo, juicio contra Iñaki Urdangarin y la Infanta Cristina por el caso Nóos-. Pero en todo momento ha sabido cumplir con el papel que le otorga la Constitución, lo que ha contribuido a seguir recuperando el prestigio de la Corona tras unos años tumultuosos.

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