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Viernes, 23 de diciembre de 2016

El crepúsculo de los dioses (Sunset boulevard)

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De entre las numerosísimas lacras que infectan el «Corpus» podemita, hay dos luminarias que brillan esplendorosamente en la constelación de «puñoenalto»: la majadería, y la prepotencia. Nada de extrañar la presencia simultánea de estos dos atributos, ya que frecuentemente la ignorancia y la chulería se dan la mano, pues la altivez es la socorrida máscara con la que se pretende ocultar la ineptitud.

[Img #54739]El resultado de esta operación de camuflaje es el más absoluto de los ridículos, pues hace que  individuos estigmatizados por una cósmica nulidad pretendan ―montando follones, manis, asambleas, escraches, y numeritos circenses donde la payasada es la reina del espectáculo― convertirse en mesías de Españas irredentas, en rescatadores de «la gente», en inventores de la democracia, en pioneros de un mundo nuevo, aureolado del paraíso terrenal.

 

Grotesco espectáculo el que nos ofrecen estos niñatos podemitas, atiborrados de pijoprogrerío, que desde sus conventículos okupas, desde sus fiestas calimocheras, cabalgando becas y privilegios, untados de potosíes hasta el tuétano, que no han dado un palo al agua en su vida, Peter Panes anclados en una regalada infancia a la sombra de papás que les mimosearon hasta lo indecible, vienen ahora a proclamarse los redentores de la democracia, los salvadores de España, los descubridores de un nuevo mundo, los maestros iluminados que vienen a darnos lecciones desde sus torres de asalto, desde esos púlpitos mediáticos de las televisiones totalmente poseídas por los luciferinos íncubos y súcubos del Nuevo Orden Mundial.

 

¡Es Madrid, estúpidos! Capital con casi 500 años de historia, corazón del mayor imperio que vieron los siglos, urbe dorada y prodigiosa que protagonizó el Mayo más glorioso de la historia; ciudad marcada por su casticismo, aunque ya la piqueta del progreso haya barrido las corralas, los barquilleros, los organillos y el chotis.

 

Y viene ahora esta horda radical, chulesca y prepotente, que tiene en su programa la entrada libre de todos los inmigrantes ―por si son pocos los que tenemos ahora: casi una cuarta parte de los madrileños son extranjeros―, arrasadores de casticismos, destructores de identidades culturales, succionadores de recursos sociales… Y, como telón de fondo, el «refugees welcome», sin importarles un ardite que entre ellos se infiltren yihadistas que monten su Armageddón en la Puerta del Sol el día menos pensado. Pobres energúmenos, que ―en su delirio de soberbia― pretenden acabar con un Madrid con el que ni siquiera pudieron las hordas de Napoleón.

 

¡Es la Navidad, estúpidos! Produce verdadero pasmo y estentóreas carcajadas que una banda de ineptos, cargadita de okupas, perroflautas, meapilas y cantamañanas aspiren a destruir una festividad con 2000 años de existencia, y que celebra el 75% de la población española que se confiesa católica. Aspiran a hacerlo disfrazando de payasos a los Reyes Magos, enmascarando el sentido religioso de la Navidad entre dragones y pachamamas, no concediéndole ninguna farola de las principales calles a la Sagrada Familia, no felicitando la Navidad a la inmensa mayoría de creyentes que formamos la población madrileña ―pero, eso sí, felicitan el Año Nuevo a Chinatown―, calificando la Navidad con el druídico calificativo de «solsticio». Pobres diablos, pobres «tonticios».

 

¡Es España, estúpidos! En su «delirium tremens», estos papanatas de hoz y Martini, creen que van a poder destruir a la nación más vieja del mundo, sólo con levantar su esperpéntico puñoenalto, cantando chorradas sobre famélicas legiones, bailando la conga con etarras, alentando referéndums de autodeterminación, defecando en las Hispanidades, arriando y ocultando banderas, mofándose de nuestro himno… Lo que no consiguieron imperios sobradamente dotados y preparados, ni invasores allahuakbares, ni conspiraciones luciferinas como la del 36, lo pretenden conseguir ellos con sus uniformes guevarianos de pacotilla, con sus programas bananeros.

 

¡Es la familia, estúpidos! La familia, el invento más viejo del mundo, inscrita en los genes más ancestrales del «homo sapiens»… también vienen a por ella, a desguazarla con sus abortos libres, a reemplazarla por tribus parentales, a infectarla con el virus de la identidad de género; a lobotomizar a sus hijos en los gigantescos lavaderos de cerebro de la escuela laika de pensamiento único, donde se tendrá que elegir si se quiere ser hombre o mujer, donde ya se empiezan a prohibir los belenes y los villancicos para no molestar a la musulmanía. Y luego, la legalización de la droga que proponen, que junto con el calimocho llevará a nuestra juventud a los estercolero del inframundo.

 

¡Es la Iglesia, estúpidos! Perseguida, masacrada, torturada, la Iglesia ha resistido incólume a Nerones, a herejes y cismáticos; ha triunfado sobre pogroms, degollinas y Coliseos leonados; ha permanecido a pesar de Borgias y martirios incontables durante 2000 años, y ahora viene esta banda bolivariana con el decidido propósito de acabar con ella, con antorchas encendidas para quemar sus templos y sus creyentes, con pechos descubiertos para la blasfemia, profanando hostias consagradas, escondiendo la Navidad y la Semana Santa, denunciando concordatos, pretendiendo eliminar la enseñanza religiosa en las escuelas… lo que no consiguieron ni las mismas legiones infernales lo quieren conseguir ellos, una caterva de botarates, una ralea de  rojiprogres, amenazándonos con sus gorilas, sus vestales, sus Femen, sus blasfemadores… Pobres diablos.

 

Si, cayeron sobre nosotros como una plaga infernal… vinieron a cubrirse de gloria, pero sólo cosecharán el más absoluto de los ridículos. Y fracasados se volverán a sus oscuras cavernas, enfilando cautivos y desarmados el «sunset boulevard», aplastados por un crepúsculo devastador.

 

Y el Turrión se irá rumiando proféticas frases de la película «El crepúsculo de los dioses» ―«Sunset boulevard», dirigida por Billy Wilder en 1950―:

 

―¡Mire a los políticos! Han matado a todos los ídolos. ¿A quién tenemos ahora? A unos don nadie. (Norma Desmond).

 

―Yo era revolucionario antisistema. Mi mayor deseo siempre fue tener una poltrona. Conseguí la poltrona, y morí en la poltrona. (Joe Gillis)

 

―Sólo quiero decirles a todos cúanto me alegro de estar otra vez en el estudio rodando una película. No saben cuánto los he echado de menos. Y prometo no volver a abandonarles, porque después de «Asaltando los cielos» haremos otra película, y después otra. Esta es mi vida, siempre lo será... No hay nada más, sólo nosotros, las cámaras, y toda esa gente maravillosa en la oscuridad... Sr. George Soros, estoy preparado para mi primer plano... (Norma Desmond)

 

JOE GILLIS: Vaya, era un gran señor este Turrión.

 

MAYORDOMO: Era el mejor de todos, usted no se lo imagina, es muy joven. Recibía 17.000 cartas de admiradores por semana, acosaban a su peluquero por conseguir un rizo suyo; hubo un bolivariano que vino expresamente desde Venezuela para suplicarle que le diera una hoz... después se degolló con ella.

 

JOE.- Bien... creo que me he metido en un sitio interesante.

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