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Jueves, 22 de diciembre de 2016

Es la Navidad

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Esto que celebramos no es el solsticio de invierno ni una fiesta pagana ni unas vacaciones que nos vienen bien a todos. Es mucho más que una tradición. Y si alguna alcaldesa "se olvida" de poner un nacimiento, por ejemplo en la Puerta de Alcalá, como se ha hecho siempre, cientos de ciudadanos se acercan hasta allí para llevar belenes y recordárselo.

Lo que se celebra, y eso vale para católicos y no católicos, creyentes y agnósticos, religiosos y ateos es la Navidad, el nacimiento del Dios hecho niño, hecho hombre, su mensaje de amor, de entrega, de paz. Ese hecho impregna la historia de nuestra civilización, nuestra literatura, nuestra música, nuestra cultura en general, nuestros valores, casi todo lo que somos como civilización.

 

Debería ser un tiempo de paz, de entendimiento, de diálogo, de reflexión, de compartir. Pero es, sobre todo, la Navidad de los que no tienen nada, porque esos eran los preferidos del niño que nació solo en un pesebre, que no tuvo cobijo, que tuvo que huir, que fue un refugiado. Como tantos millones ahora.

 

Por eso, ésta es la Navidad de los que han tenido que dejar su casa, su escuela, su trabajo, su país y marchar lejos, sin nada, muchas veces pagando a las mafias que les explotan o se aprovechan de ellos y de ellas.

 

Es la Navidad del recuerdo de los que han muerto en la travesía, en el viaje a ninguna parte, de los que han convertido el mare nostrum, nuestro Mediterráneo, en el mayor sarcófago de la humanidad. Y, pese a todo, también de quienes no han querido o no sabemos impedirlo.

 

Es la Navidad de los que malviven en una tienda de campaña, con frío y hambre, en campamentos enfangados, sin nada de nada. Sobre todo sin esperanza.

 

Es la Navidad de los que piden refugio y asilo en la Europa de los derechos humanos y de los valores democráticos y reciben muy tarde, o nunca, el abrazo de acogida.

 

Es la Navidad de los menores no acompañados, perdidos en los parques de ciudades como Madrid o en tierra de nadie, como Calais y que no reciben la respuesta adecuada de las Administraciones públicas.

 

Es la Navidad de tantos voluntarios, millares y millares, que han quemado sus naves y se han ido a Lesbos, Lampedusa, Idomeni y tantas otras y han hecho, con imaginación y entrega de su tiempo y de su afecto, lo que han podido. Sin ellos la catástrofe hubiera sido insoportable.

 

Es la Navidad de los misioneros españoles que son los últimos que se van -y los que se quedan- cuando la guerra o la violencia se adueñan de tantos países y acaban con la vida de inocentes.

 

Es la Navidad, incluso, de los terroristas que matan en nombre de un falso Dios, de falsos ideales, de falsas promesas.

 

Es la Navidad de los que hacemos tan poco, ni siquiera reaccionar ni levantar la voz y exigir a nuestros gobernantes que reaccionen, a pesar de lo que vemos cada día en la calle y en los informativos de las televisiones.

 

Es Navidad para consumir un poco menos y reflexionar mucho más sobre este mundo que estamos construyendo y que no responde casi para nada al mensaje del niño que nació en Belén hace 2016 años, refugiado entre los refugiados, bueno entre los buenos, pobre entre los pobres, que nos enseñó a amar incluso al enemigo. Feliz Navidad.

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