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Domingo, 18 de diciembre de 2016

El desafío ruso

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Cuando se cumple un cuarto de siglo de la desaparición de la Unión Soviética, el mundo asiste a un preocupante aumento de tensión entre Rusia y Occidente.

El principal elemento de tensión tiene que ver con Ucrania, motivo de unas sanciones económicas que la Unión Europea ha decidido este jueves prorrogar otros seis meses.

 

Este es, de lejos, el choque de mayor intensidad con la UE y la OTAN lo que introduce una peligrosa variante militar. Moscú se ha anexionado ilegalmente la península de Crimea y apoya militarmente a la guerrilla separatista ucrania. Fue ruso el misil que derribó un avión civil en 2014 causando 298 muertos y rusos son los aviones que practican peligrosos juegos de guerra en el Báltico, Mar Negro y hasta las costas occidentales europeas. Además, Vladimir Putin ha incumplido repetidamente los Acuerdos de Minsk destinados a alcanzar la paz en Ucrania. Aunque la UE no tiene ningún interés en seguir un rumbo de confrontación con Moscú, la agresión a Ucrania supone una violación tan grave del derecho internacional que no puede ser pasada por alto so pena de dar carta libre a Putin para repetir estos agresivos comportamientos con otros vecinos europeos.


El segundo punto importante de tensión es la intervención rusa en la guerra de Siria, iniciada con la excusa de combatir al yihadismo del Estado Islámico pero que en realidad ha servido para apuntalar la dictadura de Bachar el Asad e incrementar el flujo de refugiados hacia Europa en lo que constituye la mayor crisis de gente desplazada desde el fin de la Segunda Guerra Mundial. Aquí de nuevo, aunque Europa no haya querido implicarse militarmente sobre el terreno, lo que hubiera agravado aún más el conflicto, no cabe sino aplaudir la claridad y la dureza de los líderes europeos que han advertido que Moscú y Teherán tendrán que asumir su responsabilidad por los crímenes de guerra que se están cometiendo, especialmente en la toma de la ciudad de Alepo, que ha sufrido un brutal asedio que ha llenado de rabia e impotencia a todas las gentes de bien.

 

El tercer frente de conflicto tiene que ver con la posible intervención de piratas informáticos rusos en la campaña electoral de Estados Unidos para inclinar el resultado a favor del, finalmente vencedor, candidato Donald Trump. La decisión de Barack Obama de investigar a fondo el hecho da visos de verosimilitud a una actividad hostil sin precedentes contra EE UU, pero también contra Europa, constante víctima de ataques cibernéticos originados en Rusia. Y en el caso de que los resultados confirmen la responsabilidad rusa, las consecuencias en la escalada de tensión son imprevisibles.

 

Cuando el 25 de diciembre de 1991 se arrió la bandera de la URSS del Kremlin, todos pensamos que ibamos a convivir, por fin, con una Rusia democrática y abierta al mundo. Pero lamentablemente, Vladimir Putin, no por casualidad un exagente del KGB, ha decidido seguir un rumbo de confrontación con Occidente para así justificar su deriva autoritaria en casa. Putin va a encontrar siempre una mano tendida en Occidente, pero también firmeza y rechazo cuando no cumpla con las normas que garantizan la paz y la seguridad internacional.

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