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Domingo, 18 de diciembre de 2016

Del beso al navajeo

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Las primeras actuaciones de los diputados de Podemos en el Congreso estuvieron llenas de besos y abrazos, incluso en la boca para escándalo de las bancadas del PP.

Cada vez que alguno de ellos subía a la tribuna era recibido a su vuelta al escaño con interminables achuchones de sus compañeros.

 

La fraternidad en contra de lo "viejuno" y capitalista era su modus operandi. Pero, como dice el poeta: "es tan corto el amor y tan largo el olvido...". Aunque, para ser precisos, aquí no se trata de olvido sino de una guerra abierta cuchillo en mano entre las diferentes tendencias que constituyen la formación. El hecho de que los Anticapitalistas hayan entrado en la batalla, alineados con el sector de Pablo Iglesias, deja en precario a Errejón y los suyos. Al punto de que podría apartar a este no solo de la portavocía del grupo parlamentario, sino también de la secretaría política, es decir quieren cesarle como número dos de Podemos.

 

El congreso de Vistalegre II, convocado para febrero, ha agitado todas las corrientes internas que buscan posicionarse en los órganos de poder. Pero la batalla entre Errejón e Iglesias viene de meses atrás. Son dos concepciones radicalmente distintas sobre la estrategia política de Podemos cara al futuro. Ambos defienden dos roles absolutamente diferentes sobre quiénes son, a quién van dirigidas su políticas y el modo de alcanzar el poder para ponerlas en práctica.

 

Para Iñigo Errejón este primer año de inmersión en las instituciones del Estado, pese a la falta de Gobierno, ha significado un baño de posibilismo. Ha dejado de lado la pretensión de "conquistar el cielo" y ha comprobado la eficacia de conquistar votantes, único camino en democracia para llegar al poder.

 

Por su parte a Pablo Iglesias el choque con la realidad le ha decepcionado. En el Parlamento es uno más y no especialmente brillante. No ha conseguido adelantar a los socialistas y el camino hacia la Moncloa se le antoja excesivamente largo para sus ambiciones. Sobre todo, teme que el conglomerado de fuerzas dispares que dio origen a Podemos se disuelva como un azucarillo, si no alcanzan mando en plaza.

 

Ayer, en la reunión del Consejo Ciudadano, volvieron a chocar. Errejón defiende que antes de los cargos se voten las ponencias, e Iglesias ha diseñado una estrategia con el apoyo de Echenique y los anticapitalistas que los deja fuera de la dirección. Las redes sociales, de las que ambos han hecho uso y abuso, son ahora testigos de su ruptura incluso en lo personal. Casi han traspasado la fina línea entre el amor y el odio.

 

Pero, su inexperiencia en la vida pública (han pasado demasiado rápido de la calle al escaño), no les deja ver el coste electoral altísimo que tienen los conflictos internos relatados, minuto a minuto, como ellos están haciendo. El elector exige que los partidos resuelvan sus problemas no que se peguen entre ellos. Y Podemos, de momento, no ha logrado ninguna mejora en la vida de sus votantes.

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