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Viernes, 16 de diciembre de 2016

El Gobierno abre un debate estéril en torno a la jornada laboral

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LA MINISTRA de Empleo, Fátima Báñez, acaba de abrir un debate sobre la jornada laboral que además de ser estéril tiene poco recorrido.

En primer lugar, porque el Gobierno carece de las atribuciones políticas para fijar por ley los horarios de trabajo en cualquier sector productivo, reduciendo su capacidad de actuación al ámbito de la administración pública.

 

Y ahí, salvo algunas excepciones, la mayoría de los funcionarios y los trabajadores públicos terminan su jornada mucho antes de las seis de la tarde, la hora que ha señalado la ministra Báñez como la recomendable para salir del trabajo.

 

Es más, no son pocos los que demandan que algunos servicios y dependencias administrativas estén operativos en un horario más dilatado para poder atender a los trabajadores que carecen de flexibilidad laboral. A muchos ciudadanos les gustaría poder realizar sus trámites burocráticos por la tarde o ser atendidos en la Seguridad Social en horarios más amplios.

 

Pero en segundo lugar, porque en un país en cuya economía el sector servicios tiene un peso determinante y el turismo representa más del 11% del PIB, la racionalización horaria es una propuesta condenada al fracaso. No es concebible que debido al privilegiado clima cálido y a las horas de sol de las que disfrutamos en España, los comercios, los bares, los restaurantes o las actividades de ocio como el cine, el teatro y los espectáculos destinados a los niños dejaran de funcionar a las 18:00 horas.

 

Las excepciones se convertirían en regla. A diferencia de lo que ocurre en los países europeos situados más al norte, donde a esa hora ya es de noche y la población suele encerrarse en casa, aquí, y mucho más en primavera y verano, las tardes son más largas y por razones culturales y de costumbres son pocas las personas que no las utilizan para disfrutar de su ocio en la calle.

 

Resulta incongruente que un Gobierno que ha sido incapaz de acabar con los macropuentes como el que han disfrutado gran parte de los trabajadores en los primeros días de este mes, tal y como prometió al inicio de la legislatura pasada, vuelva sobre una propuesta que tampoco es la primera vez que la formula. Ya Rajoy lo había sugerido, incluyendo además la posibilidad de que toda la Península tuviese el horario de Canarias, dos ideas que cada cierto tiempo vuelven al centro del debate político pese a que muy pocos creen posible su implantación en nuestro país. No obstante, el debate pone de relieve dos cuestiones en las que sí es necesario avanzar: la conciliación entre vida laboral y familiar, y la productividad de los trabajadores españoles, que son los que realizan una jornada laboral de las más largas de Europa.

 

Con respecto al primer asunto, tanto las patronales como los sindicatos han destacado en más de una ocasión que nuestro país necesita estudiar nuevas fórmulas que permitan compatibilizar las obligaciones profesionales con las personales, un problema que sufren mayoritariamente las mujeres. En este sentido, adelantar la salida del trabajo allí donde sea posible ayudaría a facilitar la conciliación familiar. Hay que recordar que muchos sectores productivos ya disfrutan de ese tipo de horarios, como son, además de los empleos públicos, la banca, determinadas industrias y no pocas oficinas.

 

En los sectores en los que por motivos de la producción no sea posible, empresarios y trabajadores deberían ponerse de acuerdo para evitar las jornadas partidas o demasiado prolongadas y el fomento del teletrabajo o cualquier otra fórmula de flexibilización horaria. Por otra parte, según la OCDE, los españoles dedican al trabajo 280 horas al año más que los alemanes, por ejemplo, y sin embargo su productividad es menor. Si en Alemania la productividad por hora es superior a los 42 euros, en España apenas alcanza los 32. Es decir, más horas dedicadas al trabajo no se traduce necesariamente en un rendimiento mayor, un problema que no sólo afecta a la vida personal de los trabajadores y a la eficiencia de las empresas, sino a la economía global de todo el país.

 

Finalmente, es necesario tener en cuenta los hábitos cotidianos. Los españoles son reacios a adelantar la hora de la comida, la de la cena y el momento de sentarse ante el televisor. RTVE intentó hace años adelantar a las 22:00 horas el inicio de los programas estrella del prime time y tuvo que desistir a los pocos meses por la pérdida de audiencia. A los españoles les gustaría una jornada laboral no tan rígida como la actual para poder compatibilizarla con su vida privada, pero no están dispuestos a cambiar determinadas costumbres arraigadas en la idiosincrasia nacional.

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