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Miércoles, 14 de diciembre de 2016

Los horarios en España

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La ministra de Empleo propuso ayer en el Congreso de los Diputados abrir una negociación entre todos los partidos políticos, patronales y sindicatos para implantar en España una jornada laboral que en términos generales acabe a las 18,00 horas. El objetivo es que nuestro país adapte su ritmo de vida y trabajo al que tienen la mayoría de los países de nuestro entorno y otros con los que mantenemos relaciones comerciales y de otro tipo.

Cierto que también habría que hablar de cambiar el huso horario. Ahora, España tiene dos horas de diferencia con Reino Unido, Portugal o Francia lo cual tiene poco sentido. Es verdad que ya se ha hablado de ello en otras ocasiones y finalmente no se ha llegado a nada. Pero es cada día más necesario y no sólo por las relaciones internacionales de nuestras empresas. Parece bastante irracional que dediquemos más de 2 horas a comer y luego alarguemos el horario hasta bien entrada la tarde. Desde luego, para la conciliación y la mayor y mejor incorporación de la mujer al mundo laboral y a los cuadros directivos de las empresas, los horarios en España no son precisamente facilitadores.

 

Por supuesto que esto no va a ser de un día para otro. El engranaje de todas las piezas es complicado, pero lo que es imposible es que salga si no nos ponemos nunca. Claro que habrá que cambiar costumbres y mentalidades muy arraigadas. Sin embargo, si queremos conseguir una mayor y mejor conciliación de la vida familiar y laboral o simplemente de ocio y trabajo, hay que empezar  por racionalizar los horarios. No es de recibo de muchos colegios empiecen a las 9,30 y los padres entren a trabajar a las 9 que salgan a las 17,00-18,00 y la familia a las 20,00. Las horas de comida, los horarios partidos, las vacaciones extemporáneas de los niños. En fin, un cúmulo de desajustes que hacen verdaderamente complicado, si no imposible, que muchas mujeres se comprometan a mayores responsabilidades en la empresa, porque difícilmente podrán cumplir.

 

Los empresarios tendrán en todo esto un papel fundamental. No es posible que aún hoy, contratar a una mujer joven, en edad de tener hijos, sea visto por muchas empresas como un mal negocio; o que un hombre se pida el permiso de paternidad o que sea él quien renuncie a un ascenso. Va a ser complicado, pero hay que empezar y en serio. Echar más horas en el trabajo no nos hace más productivos; las mujeres no tenemos por qué ser las que elijamos siempre y renunciar a nuestra vida profesional. Ahora veremos si tanta gente que dice estar comprometida con las mujeres y la conciliación se ponen manos a la obra, no empiezan a poner pegas y esto sale adelante.

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