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Lunes, 12 de diciembre de 2016

Almodóvar y la nostalgia de la tolerancia

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He leído con atención unas confesiones de Pedro Almodóvar en El País desde Nueva York. El MOMA ha organizado una exposición retrospectiva del cineasta español. Aquí le recriminamos que su última película, Julieta, no haya obtenido galardones europeos. Es uno de los directores de culto del cine español. Ha navegado contra corriente en su cine y en su vida personal. Le tengo un enorme respeto.

Confiesa nostalgia de la tolerancia de los años ochenta. Él, que fue un rompedor en su vida y en su obra, afirma que no sabe si podría filmar algunas películas que hizo en aquellos años; por lo menos cree que hubiera recibido muchas embestidas. No tiene miedo, pero está alarmado.

 

Ahora estamos linchando a David Trueba. La trituradora tiene mucho espacio en las redes sociales por donde caminan muchos aficionados al linchamiento de lo que no les gusta. Sería muy sencillo si no te apetece ver una película o leer un libro abstenerse de acercarse a ellos. Pero los guiones de esta sociedad exigen agresividad para conseguir una reafirmación personal. No me acabo de enterar de por qué trituran a Trueba. Todavía no he tenido ocasión de ver esa película que tantos odios suscita. Por supuesto que el rechazo es un factor añadido a mi deseo de verla.

 

Triunfar en España es un oficio de alto riesgo. Sobre todo si se consigue mantener un estilo propio, no tener miedo a navegar contra corriente y manifestarse con libertad.

 

Es muy difícil también pronunciarse en positivo sobre algo. Te conviertes en sospechoso. El guión exige reaccionar con odio frente a lo que no se comprende. La discrepancia civilizada se entiende como claudicación. La alternativa es la sumisión.

 

Este fenómeno es anterior a la crisis. Sin duda se ha acentuado en los últimos años. Más que luchar contra los recortes o los cambios que nos afectan negativamente, se ha puesto de moda iniciativas de rechazo con odio a todo lo que no compartimos completamente.

 

Almodóvar tiene nostalgia de los tiempos que también está de moda denigrar. La transición que tanto positivo significó para España está abominada por muchos.

 

La simplicidad, los ciento cuarenta caracteres que permiten a todo el mundo asomarse al universo de la comunicación, no dan para matices. O sumisión o rechazo agresivo. No hay más vías.

 

Falta diálogo sosegado. Mucha gente solo lee lo que le proporciona satisfacción sobre sus ideas o prejuicios. Es difícil mutar de pensamiento enriqueciendo las ideas propias con las ajenas.

 

A Pedro Almodóvar le reconocen en Nueva York. Cualquier día lo devoran en España. No sé por qué somos así.

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