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Sábado, 10 de diciembre de 2016

La pólvora mojada de los sindicatos

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Los sindicatos mayoritarios españoles, en un nuevo intento de hacerse ver, han convocado movilizaciones en este mes de diciembre, pero la calle no está para bollos, ni calientes ni fríos. Pues es visible la decadencia en la que hallan inmersos desde hace tiempo. Esa es la impresión que se palpa en el ambiente. Ni UGT ni CCOO son lo que fueron. Distan mucho de aquella huelga general que convocaron durante el Gobierno de Felipe González el 14 de diciembre de 1988. El paro fue absoluto, no hubo ni televisión. Fue la madre de todas las huelgas en España y su éxito fue indiscutible.

[Img #54334]La economía de “este país”, que diría aquel, en efecto, hoy día sigue en crisis y son muchos los españoles que no tienen trabajo, pero tras una durísima crisis, se está remontando y el empleo crece, aunque haya precariedad que hay que ir corrigiendo después de la destrucción también masiva de empleo que se produjo durante el Gobierno socialista (entre 2004 y 2011) de cuyo mandato nadie quiere acordarse. Y en esos años de caída en picado de la economía, ¿qué hicieron los sindicatos? Nada, absolutamente nada, porque querían la paz social.

 

Ahora que se está recuperando la economía, empiezan a poner zancadillas, porque quieren que vuelva a gobernar la izquierda y retornan las prédicas para volver a la bonanza según creen que sucedería con sus medidas –pero hete aquí que casi siempre equivocadas, los hechos lo demuestran–. Si subir el Salario Mínimo en todas las circunstancias sirviera para salir de todas las crisis, la solución sería esa, es más, bastaría con aplicar una subida lineal en todos los países del mundo, no sólo en España, y ya está; pero la economía no funciona así, y la prueba del algodón está en el gasto desbocado que acometió ese gobierno socialista que dejó al país con un déficit disparado de más de 91.000 millones de euros. Ahora se trabaja en reducir ese déficit y si no se consigue volveremos a las andadas, esto es, a invocar a la crisis.

 

Y la cosa es que el ajuste de las cuentas exige rigor y sujetar el gasto. La izquierda pomposa que ha provocado en España dos crisis económicas galopantes no aprende. Se dedica a pedir siempre más gasto. Eso es como si una familia en crisis, en lugar de medir los ingresos, decide seguir gastando y tirando de chequera sin tener fondos. Pero esto no es una familia, sino un Estado con 10 millones de familias que exigen cobrar sus pensiones, una sanidad de élite, una educación efectiva y un país con infraestructuras modernas. Y todo eso tiene un coste que ha de cumplir con la más elemental de las leyes de la economía: la cuenta de la vieja, por ejemplo.

 

No se pueden subir las pensiones porque lo digan los políticos que no saben de economía (Grecia ha tenido que recortar las pensiones y España no lo ha hecho, gracias a Dios, pongo lo de Dios con mayúsculas porque si dijera sólo dios, tendría que especificar a qué dios griego me podría referir); y no se puede subir el salario mínimo por encima de las posibilidades reales de la economía (Venezuela no deja de subir el salario mínimo y cada día está el país más empobrecido).

 

Lo que sí se puede hacer es recortar o congelar las pensiones más altas, o los sueldos más altos de la Administración Pública, en todas sus vertientes, autonomías y ayuntamientos, aunque no en todos, en una supuesta economía de solidaridad que no existe, pero eso es un mal del género humano, salvando honrosas excepciones. Aquí hay presidentes y gastos autonómicos que convierten el gasto en un Potosí, como Cataluña, que gasta y debe ya lo que no está en los escritos. No se debe subir linealmente en porcentaje los sueldos de los que cobran 1.000 euros y de los que cobran 2.000 ó 50.000 porque si subimos un 3% con esa regla, el que gana mil euros acaba cobrando 1.030 euros; pero el que cobra dos mil acaba cobrando 2.060 euros, o sea al que cobra menos se le suben 30 euros y al que cobra más se le suben 60 euros. Eso sigue sin entenderse en España. Y algún presidente se sube el sueldo un 7% y puede ser hasta capaz de decir que se lo ha subido en menos porcentaje que el salario mínimo. La repera.

 

El gobierno de pacto PP-PSOE ha empezado pactando cosas discutibles que, de momento, pasan porque si no es así nos vamos a las terceras elecciones tras una legislatura fallida y otra que está aún en la cuerda floja. Y, vista al frente, ni al PSOE ni al PP ni a C’s les interesan otras elecciones. Esto es lo que hay. Hasta Montoro ha tirado otra vez de subida de impuestos a tabaco, alcohol y refrescos, que no sabemos qué efecto tendrá.

 

Sea como fuere, España sigue pitando y con un gobierno que tiene que moverse ahora con pies de plomo, entre la presión de Bruselas y la de socialistas y ciudadanos. No hay más que ver cómo están los centros comerciales. La confianza en el consumo se ha disparado y esto puede generar más empleos. Y si la economía sigue mejorando podrán venir las subidas salariales ansiadas. Un error de cálculo sin embargo puede tirar por tierra el esfuerzo. Y llegados aquí, hay que repetir que una vez subsanado lo del déficit toca subsanar lo de la deuda de España y de las Comunidades Autónomas que va ya por el billón de euros. Otra barbaridad más que los políticos se pasan por el forro, sencillamente porque no son ellos los que pagan esas deudas que generan a costa del erario público. Sencillamente, porque la mayoría de los políticos desconocen lo que es montar una empresa, crear empleo y pagar ellos las nóminas a los trabajadores, cosa que sí toca hacer, a las empresas. Por eso el discurso es diferente y tan diferente. Pero también los trabajadores han aprendido que los sindicatos viven del momio y por eso no les siguen como antes.

 

Han pasado muchos años y la sociedad española tampoco se parece ni mucho menos a aquella de 1988 que iniciaba el camino de la democracia con un pueblo volcado de verdad en la Transición, con una Constitución reciente y apoyada masivamente en un referéndum y con unas ganas enormes de trabajar entonces desde todos los colectivos. Entonces, los españoles no estaban adocenados, ni aburguesados porque perseguían el Estado del Bienestar, que tenemos hoy, que sigue siendo bueno, aunque mejorable y que hay que preservar. No se puede tirar con pólvora del Rey, aunque los sindicatos la tienen ya mojada.

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