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Jueves, 8 de diciembre de 2016

¿Han dejado de ser rentables los bancos?

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La Banca española atraviesa un momento decisivo. Los bajos tipos de interés, el crecimiento de la banca on line con la consiguiente y permanente reducción de plantillas y de sucursales, la disminución de los márgenes, la reducción de las comisiones, la contracción del mercado del crédito, los cambios en la regulación y la exigencia de mayores condiciones de solvencia y seguridad están provocando una escasa rentabilidad en el sector, una reducción del negocio y una presión sin precedentes.

Durante los años de la crisis, los bancos han sobrevivido gracias al dinero público, porque negaban los créditos a casi todos los clientes que los solicitaban y los que eran solventes o se servían de recursos propios o ralentizaban su crecimiento y no acudían al banco. Ahora los bancos andan llamando a sus clientes para ofrecerles créditos "preconcedidos" que encuentran una respuesta muy baja. La solución que empiezan a manejar algunos es eliminar las ventajas que habían ofrecido no hace mucho a todos sus clientes y empezar a cobrar más por casi todo. Hasta el menudeo, ayuda a paliar la crisis.

 

Aunque la Banca española es una de las más solventes de Europa y de las más fuertes, es también una de las menos rentables. La rentabilidad sobre recursos propios (ROE) es la cuarta peor de Europa. Cierto que Portugal, Italia y Alemania están peor que nosotros, pero eso no debe consolarnos porque si Italia se tambalea -y tras el fracaso de Renzi y pese a los primeros datos, esa posibilidad es cercana- o si la Banca alemana estornuda -y los malos resultados del Commerzbank o del Deutsche son alarmantes-, la Banca española puede sufrir el contagio. Y eso sin contar con los negativos efectos del Brexit. Si le suman la crisis del Popular, todavía sin cerrar una salida, el panorama es preocupante.

 

Hay más cuestiones que añadir a este panorama. La judicialización de algunas actividades bancarias que han sufrido sus clientes, y la imprescindible protección legal del consumidor -tardía, lenta, insuficiente, incompleta- ha puesto al sector contra las cuerdas. Algunos bancos como el Santander están modificando su estrategia, pero lo tendrán que hacer todos. Mayor transparencia, mejor información, servicios y productos más limitados y menos opacos y tipos cero de interés -al menos de momento- provocan menos ingresos, más costes y rentabilidades mínimas a las que la Banca no está acostumbrada. 

 

Es posible que la Banca esté pagando décadas de activos opacos, de beneficios sin control y de falta de respeto al cliente, al que muchas veces llevaron a endeudarse sin medida. No ha habido autocrítica en el sector. Lo importante era crecer y ganar más y más, a costa de lo que fuera. En medio de la crisis no hubo rescate a España, pero sí a la Banca. Y lo hemos pagado todos los ciudadanos sin visos de recuperarlo algún día. Pero sin la Banca no hay crecimiento económico ni desarrollo posible. La Banca española en su conjunto es hoy, posiblemente, una de las más solventes de Europa, pero eso no es suficiente. Hay que favorecer la modernización del sistema financiero y garantizar que ese negocio es responsable y justo.

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