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Martes, 6 de diciembre de 2016

La reforma de la Constitución

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La Constitución (1978) rige en España desde hace más años que los que duró la dictadura del general Franco (1939-1975). No es un dato menor la longevidad de un sistema político respaldado en su día por la mayoría y basado en el acuerdo, el famoso consenso, que como valioso destilado fue la mayor aportación de los políticos que consiguieron llevar a buen puerto el arriesgado proceso que conocemos como la Transición.

En el aniversario de la aprobación de la Carta Magna, un año más, se escuchan voces que reclaman un reforma del texto constitucional. Desde las estrategias de los partidos minoritarios, esta reclamación está siempre presente en el guión. Quien no llora no se hace notar. Tocar el tambor sirve para dar fe de vida. La novedad de este año es que no solo los partidos minoritarios quieren reformar la Constitución. También están por la labor en el PSOE. Con Podemos y Ciudadanos dispuestos a participar.

 

Y quieren hacerlo cuanto antes. En esta legislatura en la que la precariedad parlamentaria del Partido Popular empuja al partido que gobierna en España a encarar la singladura tras la que acechan Escila y Caribdis sin taparse los oídos con cera. La novedad no es que Podemos (Pablo Iglesias) apueste por otra Constitución. La novedad es que se haya filtrado que Mariano Rajoy estaría dispuesto a considerar como referencia la llamada "Declaración de Granada". Un documento acordado por los barones del PSOE en julio de 2013 que proclamaba que el federalismo era "el único punto de encuentro posible para restablecer el consenso territorial en España". Alguno de aquellos barones que firmaron la "Declaración", caso de Javier Fernández a la sazón presidente de la Gestora que dirige el PSOE, quizá tuvo un presentimiento cuando dijo que España ya era un país federal y que lo único que necesitaba era dotarse de una Constitución federal. Ese enfoque es el que podría haber hecho suyo Mariano Rajoy. Eso sí, obligado por la precariedad parlamentaria del PP y procesado con arreglo a su peculiar forma de gobernar que como sabemos consiste en dejar que encuentren camino los problemas que se pueden solucionar y que aquellos otros que suponen un lío no se constituyan en sujeto de preocupación.

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