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Lunes, 5 de diciembre de 2016

Sociedades fracturadas

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Los últimos ejemplos los hemos visto, este domingo, en Italia y Austria. Pero antes, en Gran Bretaña, que ha dado lugar al Brexit o en Estados Unidos, donde la nación más grande del mundo se ha partido en dos. Pero hay muchos más ejemplos, si hablamos no de sociedades sino de partidos políticos.

El mismo Partido Republicano tiene que recomponerse, después de que haya ganado un líder antisistema, que no contaba con el respaldo del aparato. La ventaja es que el poder une mucho más que la oposición. En Gran Bretaña, cayó Cameron y en Francia, sólo el centro-derecha, dividido hasta la votación que ha puesto en la carrera presidencial a Fillon, y la extrema derecha parecen en condiciones de luchar por el poder, porque ni la dimisión de Hollande, que no hubiera tenido ninguna posibilidad de ganar sus primarias, permitirá a la izquierda francesa acercarse a la segunda vuelta. Europa no sabe por dónde tirar tras los cambios en Estados Unidos y la falta de liderazgo y de proyecto comunitario.

 

En España, tanto de lo mismo. El ejemplo principal es el de Cataluña, donde la obcecación de unos pocos, especialmente Artur Más, han partido en dos, no sé si de forma definitiva pero sí artificial, a la sociedad catalana y han creado un enfrentamiento ficticio entre Cataluña y el resto de España. En lo que se refiere a los partidos, la izquierda socialista sigue en su gran crisis y no se sabe si su suelo electoral ya es definitivo o puede bajar aún más. Podemos, que es más castrista o estalinista que nuevo, anda dividido entre dos almas, la de Iglesias y la de Errejón. Ciudadanos se ha quedado en tierra de nadie y sólo el PP parece fuerte. Pero es pura coyuntura electoral. Si hace unos meses, Pablo Iglesias hubiera permitido el Gobierno del PSOE, hoy el presidente sería Pedro Sánchez, nada habría sucedido igual y Rajoy sería un jubilado en Galicia, mientras su partido andaría tan dividido como lo está hoy el PSOE y éste parecería uno, fuerte y grande, aunque también sería un espejismo. Y esos mismos políticos, que estuvieron a punto de crear una enorme crisis social e institucional y una sociedad partida por la mitad, han demostrado pocos meses después que es posible gobernar y llegar a acuerdos. ¿Por qué no fue posible antes? ¿Cómo recuperar el tiempo perdido? 

 

Treinta días después de que fuera nombrado el nuevo Gobierno, tras la investidura de Rajoy con el PSOE votando, mudo, ciego y sordo, los ciudadanos hemos podido constatar que ya han cambiado muchas cosas. El Gobierno se ha visto obligado a aprobar un nuevo salario mínimo, con la mayor subida de los últimos treinta años; a cambiar la LOMCE y pactar una nueva Ley educativa; a reformar la Ley de Seguridad Ciudadana, se ha negociado el nuevo techo de gasto, se han subido algunos impuestos a las grandes empresas y al consumo de algunos productos menos necesarios. Esto no ha hecho más que empezar. Las grandes reformas siguen pendientes pero serán negociadas sí o sí.

 

Se está demostrando que el pacto PSOE-PP y mejor aún si incluye a Ciudadanos, es la única receta posible ante una sociedad artificialmente fracturada que lo que necesita es soluciones pactadas a los grandes problemas, crecimiento y empleo. La lucha partidista, después o, al menos, en segundo lugar.

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