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Viernes, 2 de diciembre de 2016

La política cansina

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En el último sondeo sobre las audiencias de Radio, en España, aparece un dato que me ha llamado la atención, y es que ha disminuido el número de oyentes en la franja de las primeras horas de la mañana, es decir, en aquellos programas que básicamente se dedican a hablar de política, a dialogar con los políticos, y a comentar lo que han dicho los políticos.

Y pueden pensar que esto es un asunto que afecta en exclusiva a las empresas radiofónicas, pero creo que es un síntoma de la fatiga que produce estar de una manera permanente alrededor de los mismos asuntos, recurrentes, repetitivos y repugnantes.

 

El asunto del nacionalismo, por ejemplo, comienza a producirme un principio de bostezo, y, sobre todo, pereza y desánimo. Prefiero impartir una charla gratis, en un rincón alejado de mi domicilio, que tener que escribir un artículo sobre el nacionalismo. Y que un diputado populista, en cuanto llegue la primavera, acuda al Congreso en chanclas y pantalón corto, me producirá la misma sensación de cansancio que si alguien me dijera que las señoras que ejercen la prostitución no son castas. En ese apartado, mientras una diputada o un diputado no ejerza la micción en el salón de los pasos perdidos, fuera de los lavabos, me produce el mismo sobresalto que la noticia de que la humedad no le conviene al pan tostado.

 

En el nacionalismo catalán, por ejemplo, observo un paralelismo parecido al que se produce en vísperas de un partido Madrid-Barcelona. Expectación, interés por las alineaciones, sobresalto por las bajas, y todo eso. Pero, coño, el partido se juega y termina a con un resultado. Si el partido no se supiera en qué fecha se iba a celebrar, la afición se amuermaría, porque la vida es mucho más variada que un partido de fútbol, y terminaría por desinteresarse.

 

El caviar puede ser muy agradable al paladar, pero tres días seguidos a base de menú de caviar es tan inaguantable como tres días seguidos con un menú basado en las anchoas en salazón. Es más llega un momento en que no distingues las anchoas del caviar, de la misma manera que comienzo a confundir a Puigdemont con el entrenador del Barcelona. Debe ser la fatiga.

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