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Jueves, 1 de diciembre de 2016

Políticos insensibles

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Hay días en los que la actualidad política española trae noticias frente a las que uno no sabe si reír o llorar. Resulta que en el Parlamento de Baleares, a iniciativa de los grupos de la izquierda (Podemos, MÉS, PSIB), se ha votado a favor de modificar la Ley de Capitalidad para que Palma de Mallorca, la capital de la isla, se quede en Palma, a secas.

Es cierto que el Estatuto de Autonomía refiere que Palma es la capital de la isla, pero no es menos cierto que en el habla de la gente, sobre todo en el resto de España, la ciudad comparece con el apellido que evita la confusión con sus homónimas canarias: La Palma o las Palmas de Gran Canaria. Es la tercera vez, en ocho años, que se reproduce el debate del cambio de nombre. En este caso la iniciativa parte de la izquierda y en las anteriores, fue obra del PP, partido, que por cierto, se ha comprometido a revertir el cambio así que consiga recuperar la mayoría en el "Parlament".

 

Baleares tiene problemas reales que se reflejan en los datos del paro (102.800 desempleados, el 17%), en las carencias de la sanidad pública (demoras, saturación de las urgencias, enfermos en los pasillos de los hospitales) o en la masificación en las aulas y en algunos colegios la conflictividad de los alumnos. Mientras tanto -a la manera de las controversias que hicieron famoso el mundo decadente de Bizancio-, los políticos de la isla se entretienen con historias como la del cambio de nombre de la capital. Creo que es un palmaria evidencia de falta de seriedad y si se me apura hasta de carencia de sensibilidad. 

 

Tengo para mí que éste es el tipo de debates que labran a pulso el descrédito de la clase política que los propicia. Y luego se quejan de que los ciudadanos les den la espalda según reflejan de manera reiterada las encuestas del CIS (Centro de Investigaciones Sociológicas). Ya digo, hay días en los que como observador de la cosa pública uno no sabe si reír o salir corriendo. ¡Qué país!

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