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Domingo, 27 de noviembre de 2016

Las hienas

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No es la primera vez que el portavoz popular en el Congreso atribuye actitudes deleznables a colectivos, oponentes políticos e incluso a otros parlamentarios.

Cual martillo de herejes, pontifica sobre la virtud ajena desde una supremacía moral que el solo se atribuye. Su última invectiva ha sido contra los periodistas, a quienes ha calificado de hienas carroñeras por la supuesta persecución a Rita Barberá.

 

Olvida que las hienas comen carne de animales muertos, es decir que alguien ha matado antes. Si es verdad que la ex alcaldesa de Valencia murió de pena, como denunció su cuñado, alguien tiene esa responsabilidad sobre sus hombros y Hernando se la quiere quitar de encima a todo correr.

 

Porque, quien hizo que Rita Barberá abandonase su militancia de más de veinte años en el PP fueron sus compañeros de filas, entre ellos Hernando. Quien le hizo el vacío desde que en septiembre fuera imputada por el caso Taula fueron sus antiguos compañeros de escaño y de partido. Quienes la esquivaban en los actos públicos, siempre que hubiera una cámara delante, fueron aquellos que la adularon en su época de poder omnímodo en el PP de Valencia.

 

Cayó en desgracia cuando se convirtió en un lastre para que Mariano Rajoy consiguiera los apoyos necesarios de su investidura. Si tanto la querían, ¿porque nadie del PP la acompaño el lunes pasado a las puertas del Supremo cuando declaró ante el magistrado Conde Pumpido? Los periodistas lo único que han hecho, en esta etapa de enconamiento político, es reproducir las críticas que muchos compañeros de filas vertían sobre la senadora que se negó a abandonar el escaño. -cosa que que le habría convenido al PP- y que les perseguía como alma en pena por los pasillos de ambas Cámaras.

 

De no haber estado un año en permanente campaña electoral, y con un Gobierno en funciones, no se habría "invitado" a Barberá a abandonar unas siglas que fueron su vida política y personal. Pero se necesitaban los votos de Ciudadanos y esa formación tenía otras exigencias frente a los casos de corrupción.

 

Decir ahora, llevados por la mala conciencia, que se replantean el pacto, llega demasiado tarde. Lo que sí deberían estudiar, sin dilaciones, es la propuesta de la oposición de suprimir los aforamientos. Fue ese intento de salvaguardar a una figura mítica del PP, llevándola al Senado y su aforo, lo que la convirtió en alguien incómodo.

 

Si se hubiera quedado en Valencia, compareciendo con el resto de sus compañeros del Ayuntamiento ante la justicia ordinaria, no habría sufrido el vacío del que ahora tanto se lamentan.

 

Ahora solo falta, cuando no puede defenderse, que sus compañeros de banquillo la hagan responsable de lo sucedido en la presunta financiación irregular del PP en Valencia. "¡Cosas veredes, amigo Sancho, que farán fablar las piedras".

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