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Sábado, 26 de noviembre de 2016

Castro, 58 años dirigiendo Cuba a ninguna parte

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Lo de hacer la revolución queda muy bien siempre. Parece que hacer una revolución ilumina al que dice que la va a hacer, al que va a desmontar lo que hay para recrear desde su nuevo posicionamiento el nuevo paraíso en el que los ciudadanos que sigan a los revolucionarios van a pasar a vivir como reyes, destronando previamente a los otros reyes que hubiere claro.

[Img #53930]A Robespierre le pasaron por la guillotina y la diosa Razón fue descatalogada enseguida cuando lo de la revolución francesa. El revolucionario Lenin creó otro supuesto paraíso y murió relativamente joven, algunos estudiosos de la conspiración dicen que fue envenenado por Stalin, sin saber que el mundo creado acabaría en un absoluto fracaso y demolido setenta años después. Claro, que en medio estuvo gobernando la presunta Arcadia comunista el presidente Stalin, que no hizo la vida apacible a los soviéticos, sino que masacró a muchos para que no hubiera oposición. Eso es lo que hacen los dictadores, gobernar a ser posible sin oposición.

 

Llegamos aquí pues. Como en Cuba, donde el recién fallecido dictador Fidel Castro no soportaba que alguien hiciera oposición y millones de cubanos están fuera de la isla no precisamente por placer, sino porque en su país no hay libertad.

 

Fidel entra, desde luego que sí, en los libros de Historia, pero no por sus éxitos, sino porque cualquiera que haya estado dirigiendo un país durante seis décadas pues a la fuerza entra en la Historia, cómo no, eso es innegable: es archiconocido, se ha hecho fotos con varios Popes del Vaticano, con varias generaciones de líderes democráticos del mundo y otros poco o nada democráticos o cercanos a su cuerda (comunistas, sobre todo); y eran especialmente estos últimos los que le echaban una mano para mantener el cerrojo de hierro y seguir él y los suyos viviendo a cuerpo de rey, Castro I de Cuba, que a dedo puso como sucesor a su hermano Castro II, o sea como cualquier dinastía, pero sin democracia, tras expulsar del país a los disidentes o encarcelar a los más incómodos, molestos o políticamente peligrosos para el nuevo régimen instaurado. Siempre es igual. Y cuánto le gusta al personal tener una foto con personajes presuntamente ilustres o famosos. Pues es mejor no haberse hecho nunca una foto con algunos porque para qué. El propio Castro se declaró comunista y vemos a algunos de la izquierda de hoy diciendo que era un referente del socialismo. ¿Y en qué ha progresado Cuba y sus habitantes en 60 años, qué puede servir de referencia?

 

Cuando algunos se niegan a guardar un minuto de silencio en Democracia por algún político difunto, basándose en presunciones, no vendría a cuento que ahora esos mismos se vistan de plañideras para homenajear a un dictador que tiene tras sí algo más que hechos suntuosos, ni siquiera aunque hayan pasados muchos años y él mismo haya sido absuelto políticamente por la Historia, como dijo el propio comandante.

 

Es cierto que no hay gobierno perfecto, pero más de una vez, suelo comentar que el menos malo es el de la Democracia parlamentaria con un Gobierno y primer ministro, y con la tarjeta en vida de que es expulsado por los votantes cuando estos los deciden, ya que los gobernados al menos tienen la oportunidad de votar cada equis años (cuatro, cinco, generalmente); hay otros, como es el caso de Fidel, donde siempre gobierna el mismo, se revisten para disimular y deciden retorcer la nueva Ley creada, vigilada por comisarios políticos, para instalarse en la poltrona totalitaria.

 

Suele suceder que los que destronan a los reyes se convierten a sí mismos en nuevos “reyes”, con la diferencia de que se cambian el nombre del título, o sea pasan a denominarse por ejemplo Comandante, palabra que queda muy bien para hacer luego una película, o un documental, Mi comandante, con ínfulas de ídolo, idolatría y endiosamiento.

 

Fidel Castro fue un dictador, como Francisco Franco fue un dictador. Por eso los cubanos de la disidencia en España se han apresurado a parafrasear a Arias Navarro cuando dijo aquello de “Españoles, Franco ha muerto”. Viene a cuento decir ahora “Cubanos, Castro ha muerto”.

 

¿Qué supuso en España la muerte de Franco? La Historia reciente no hace falta recordarla: transición, apertura, Constitución, elecciones, referéndum y grandes avances de un país que salía de cuarenta años de oscurantismo y de falta de libertad, en definitiva, fue el detonante del salto a la Democracia, pese a que los problemas sigan en distintas dimensiones; pero por eso se vota y el votar tiene consecuencias.

 

Ahora, los pesares, los homenajes, los funerales y todos los recuerdos para un personaje como Fidel Castro que, en efecto, pasa a los libros y las enciclopedias como uno de los mandatarios que más tiempo ha dirigido los designios de un país, casi sesenta años de mando, al frente o en la sombra, pues aún vestido con chandal en lugar de uniforme debía mandar lo suyo desde el plácido retiro; se fumó puros como los ‘ricos’ a los que echó del poder para instalarse él y los suyos en su lugar. Y ahora, si los cubanos quieren un país libre sólo hay un camino: avanzar hacia la Democracia.

 

Porque con los Castro esa nación que se llama Cuba sigue estancada en los restos del fracaso del comunismo.

 

Echar la culpa a los factores externos no es excusa. Y en esas estamos. O sea, póngame una Cuba libre. Con poco ron.   

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