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Viernes, 18 de noviembre de 2016

Ya es primavera en Mannahatta

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Mannahatta, «isla pisciforme donde yo nací», en palabras de Walt Whitman, su poeta más insigne.

[Img #53641]Mannahatta, palabra india que significa «isla de muchas colinas», donde miríadas de castores abrevaban en el estuario del río Hudson, protagonistas de una fauna donde descollaban también los osos negros, los pumas y los lobos, que amedrentaban a los 5000 indios lenipes que habitaban en sus frondosos bosques.

 

Mannahatta, cuyas 500 colinas fueron barrenadas por la dinamita inglesa, siendo sustituidas por gigantescos rascacielos, por lo cual Mannahatta podría muy bien pasar a llamarse «isla de muchos rascacielos».

 

Desde luego, ya no hay castores enseñoreándose de los senderos de sus bosques, ya que lo que tenemos ahora es una Quinta Avenida por donde desfilan hordas de manifestantes vociferando que Trump «isnotmypresident». No son autóctonos lenipes exactamente, pero qué duda cabe que hacen muy bien el indio.

 

Estas manifestaciones callejeras en contra de la elección de Trump como presidente forman parte de lo que desde un comienzo se ha llamado «Revolución Púrpura». Mira por dónde, ya tenemos otra revolución de colorines, otra «primavera» de esas que tanto se llevan en la conspiración por el Nuevo Orden Mundial. Nada nuevo bajo el sol, si no fuera porque ahora la «primavera de colores» afecta nada más y nada menos que  a la primera potencia del mundo. O sea, que ya es primavera en Mannahatta.

 

Y donde hay colorines y primaveras, ahí tenemos a un personaje archiconocido, manejando los caleidoscopios y las turbas de «borregomatrix», porque, aparte de la presión del «lobby» formado por burócratas neoconservadores ―que pretenden impulsarle a mantener la misma política exterior de Obama, llamada «neofría»―, el principal frente contra Trump proviene de lo que podríamos llamar el «lobby Soros», constituido por todos aquellos grupos políticos y medios de comunicación financiados por el magnate globalista George Soros, cuyo objetivo es impulsar una guerra de propaganda movilizando cientos de periódicos y redes sociales anti-Trump, con el propósito de minar la credibilidad del gobierno de Trump desde sus mismos comienzos, y con el horizonte de acortar lo más posible su mandato presidencial.

 

El día antes de las elecciones, Trump denunció que Lloyd Blankfein ―director ejecutivo de Goldman Sachs―, Janet Yellen ―presidenta de la Reserva Federal― y George Soros ―fundador de la corporación «Open Society», la entidad que financia muchas de las conspiraciones globalistas de la actualidad― están integrados en una estructura de poder globalista «responsable de las decisiones económicas que han robado a nuestra clase obrera, despojado a nuestro país de su riqueza y puesto ese dinero en los bolsillos de un puñado de grandes corporaciones y entidades políticas».

 

Inmediatamente, Soros y sus corifeos tildaron esa declaración como «antisemita». La audacia del megamillonario de origen judío llegó hasta el extremo de que su hijo, Alexander Soros, pidió a Ivanka ―hija de Trump― y a su marido que desobedecieran públicamente a Trump (sic).

 

Es un hecho cada vez más del dominio público que las «revoluciones de colores» y las «primaveras árabes» fueron financiadas y organizadas por sospechosas fundaciones, «think tanks» y organizaciones no gubernamentales pertenecientes a la conspiración globalista, entre las cuales destaca con luz propia el «Open Society» de George Soros.

 

Estas revoluciones fueron un conjunto de movilizaciones políticas caracterizadas por la acción directa no-violenta, que se desarrollaron en el espacio ex soviético con el fin de incorporar los países de la órbita rusa al bloque occidental, bajo el pretexto de derrocar a líderes supuestamente «autoritarios», acusados de prácticas antidemocráticas, de actividades corruptas, o de amañar el resultado de unas elecciones. Si a esto se añaden las acusaciones progres de xenofobia, racismo y machismo, ahí tenemos a Mr. Trump. Aunque, a decir verdad, más que «púrpura», esta revolución debería llamarse «amarilla», para hacer honor al desorbitado tupé del presidente electo.

 

Concretamente, el modelo de esta «Revolución Púrpura», hay que buscarlo en las dos «Revoluciones Naranjas» promocionadas por Soros en Ucrania,  una en 2004, y la otra en 2014.

 

Todo comenzó cuando, a la mañana siguiente de su inesperada derrota electoral, los Clinton entraron en el salón de baile del hotel art-deco «New Yorker» en el centro de Manahatta, con trajes púrpura. Ante las preguntas de la prensa sobre este color, afirmaron que era para simbolizar la unión de la «América azul» demócrata y la «América roja» republicana. Sin embargo, lo que estaban haciendo realmente era lanzar subrepticiamente la «Revolución Púrpura» de su amigo Soros en Estados Unidos.

 

Porque no es ningún secreto que el mayor contribuyente de la campaña de Clinton ha sido Soros―el magnate internacional de fondos de cobertura, principal conspirador del Nuevo Orden Mundial―, cuya aportación se cifra en 25 millones de dólares.

 

En opinión del analista político Marko Gasic, de la cadena RT ―el canal de televisión internacional por cable y satélite de la Federación de Rusia―, Soros estaría financiando una revolución en Estados Unidos, pues a la vez que los Clinton se rebozaban en púrpura en Nueva York, en 200 ciudades de Estados Unidos tenían lugar manifestaciones callejeras, coordinadas en su práctica totalidad por «MoveOn.org» y «Black Lives Matter».

 

La cadena RT  ha publicado una revelación de «Wikileaks» en la que se sacaba a la luz pública la filtración de una serie de correos de John Podesta, el jefe de campaña de Hillary Clinton, en los cuales se incluía un documento estratégico sobre MoveOn.org en el cual se acordaban las protestas contra Trump.

 

Según el portal «Zero Hedge», las manifestaciones anti-Trump han sido organizadas por el portal «progresista» MoveOn.org, financiado ―según afirmó «The Washington Post»― por George Soros y su mujer con 1,4 millones de dólares en 2004.

 

En ese portal se invita a los americanos a «reunirse pacíficamente» en las ciudades del todo el país para «protestar contra la misoginia, el racismo, la  homofobia y la xenofobia», dentro de un movimiento que hace una llamada a luchar por los «ideales estadounidenses».

 

En las redes sociales algunos internautas testimonio tener pruebas de que en la ciudad texana de Austin los manifestantes eran recogidos en autobuses.

 

Trump había ya denunciado que los manifestantes de «profesionales», acusación que comparten otros miembros de su equipo, como el ex-Alcalde de Nueva York, Rudolph Giulliani y Kellyanne Conway, la directora de la campaña electoral de Donald Trump.

 

Y no parece que estas acusaciones sean descabelladas. Por ejemplo, en el portal «Craiglists» ―una de las páginas de oferta del trabajo más populares del mundo―, aparece una supuesta oferta de trabajo titulada «Stop Trump», en la que se ofrecen 1500 dólares a la semana a gente anti-Trump, a base de pagar entre 15 y 18 dólares la hora, con posibilidad de añadir bonos y horas extras, reembolso de gasolina, la posibilidad de elegir entre jornada completa o media jornada, y turnos de mañana o de tarde.

 

Según el portal «Truthfeed.com» ―en sintonía con Trump―, estas ofertas de empleo se puede encontrar también en portales de Internet para varias ciudades importantes de los Estados Unidos.

 

Aunque no constan claramente qué entidades financian estas campañas, todas las sospechas apuntan a la fundación «Alianza Demócrata», co-fundada por George Soros en 2005, cuyos miembros ―más de un centenar, la mayoría importantes empresarios e inversores―han donado ya más de 500 millones de dólares a candidatos que están en la línea política de Soros, y tienen la obligación de donar al menos 200.000 dólares anuales grupos respaldados por esta organización.

 

Soros y otros miembros importantes de la entidad ―como la líder del partido en la Cámara de Representantes, Nancy Pelosy, o la senadora por Massachusetts, Elizabeth Warren―, se reunieron tres días en el hotel Mandarín Oriental de Washington, con el objetivo de planear una estrategia que frene las medidas de Trump como presidente en sus primeros 100 días.

 

Aparte de las movilizaciones callejeras, otra «performance» de esta «Revolución Púrpura» discurre por un vector pseudoartístico, protagonizado por grupúsculos de activistas que se sirven de espectáculos para lanzar mensajes anti-Trump.

 

Tal es el caso del grupo «Pussy Riot», colectivo ruso femen de tendencia «punk», financiado por Soros, famoso por su irrupción en la catedral de Moscú para protestar por la reelección de Putin. Les cayeron dos años de cárcel, mientras que a nuestras Rita «asaltacapillas» sólo la penalizado con 4000 eurillos de multa.

 

Este colectivo lanzó en Youtube el video musical anti-Trump titulado «Make America Great Again», que se hizo viral en Internet, en el cual se muestran actos violentos, y se exhibe una presidencia de Trump distópica. En él se hacían llamamientos a convertir la ira anti-Trump en música y arte visual, incluyendo aquí el graffiti político.

 

O sea, que Mannahatta ―y, por extensión, los Estados Unidos― ya tiene su primavera coloreada. Los anticipos primaverales los inventamos en España ―en El Corte Inglés, concretamente―, como una variedad especial del cambio climático, y ahora nos damos el lujazo de exportar nuestras primaveras al mismísimo imperio americano. Los árabes dieron los primeros pasos, pero luego vino la arrolladora primavera del 15M, y ahí nos quedamos con la patente. ¿De qué color era?: pues morado, por supuesto.

 

Y así, Mannahatta  puede decir también que «ya es primavera en el Corte Americano», pues vaya corte de mangas cósmico que le ha pegado el Trump a la camarilla oligárquica de la globalización.

 

Y no me digan que eso de «#notmypresident» no se parece cantidad al mantra de nuestra primavera: «#echaraRajoy». Esta enorme similitud es lo que me hace asegurar con total certeza que los mismos poderes fácticos globalistas ―al frente de los cuales está George Soros― que dominan los medios de comunicación poniéndolos al servicio del Nuevo Orden Mundial, y que han impulsado la purpurina de «notmypresident» fueron los mismos que lanzaron la campaña de «echar a Rajoy», y encumbraron a los radicales podemitas. O sea que se podría decir: «#notmyRajoy», y «#echaraTrump».

 

Ya lo dijo el gran maestro espiritual Hermes Trimegisto: «Como es arriba, es abajo». O, lo que es lo mismo: «Como es en Madrid, es en Mannahatta».

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