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Domingo, 13 de noviembre de 2016

La épica del miedo

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Por absurda que pueda sonar la frase de Pablo Iglesias sobre la necesidad de dar miedo, dicha en una democracia y tan lejos de Alepo, no cabe duda de que es un eficaz arma electoral en una sociedad adormecida en el confort.

Una sociedad tan temerosa que cree a pie juntillas que un "payaso asesino" está esperando detrás de cada esquina de las opulentas ciudades occidentales.

 

El miedo, además de otros factores, está detrás del triunfo de Donald Trump. Ese miedo de las clases medias blancas frente a la emigración, la pérdida de visibilidad, la igualdad.

 

Los populismos siempre han utilizado esa estrategia electoral que consiste en meter miedo y luego ofrecerse como los salvadores de esa hecatombe inventada. Primero se dibuja un futuro tenebroso: masas de desarrapados que invaden la patria para quitar los puestos de trabajo a los nacionales o el regreso de la " cal viva"...

 

Por eso acierta Pablo Iglesias. Porque el único hueco que le dejan el resto de los partidos es el del miedo, el de mantener el descontento, el de recordar los desahucios.

 

Esa batalla contra el enemigo exterior ha permitido a Ramón Espinar hacerse con el poder en Madrid. Miles de seguidores de Podemos se han creído que la "fábrica del fango", es decir los medios de comunicación (salvo los adeptos) y las empresas del IBEX, querían inmiscuirse en sus procesos internos. Y han votado como los del PP, tapándose la nariz. Porque el joven Espinar, que compró un piso de protección pública sin necesitarlo y sin poderlo pagar, se aprovechó de sus relaciones familiares para obtener un bien que ansían los desahuciados: una vivienda.

 

La exigencia de valores éticos es la misma para todo el mundo. Esto debería dejarse claro en las facultades de Ciencias Políticas de donde surgió Podemos.

 

También Trump está culpando a la prensa de instigar las manifestaciones en su contra, la misma técnica de buscar un enemigo de fuera.

 

Pero el triunfo de Espinar y los anticapitalistas, sumado a los resultados en Andalucía y Extremadura, dibuja la senda que va a recorrer Podemos para alcanzar el poder. El cisma entre los dos viejos amigos de facultad, Iglesias y Errejón, se vislumbra irreversible. Y la estrategia de abrir la formación a la sociedad, ofreciendo razonamiento e inclusión, será expulsada de las siglas moradas más temprano que tarde.

 

Iglesias, en contra de Errejón, fagocitó al Partido Comunista, alma mater de Izquierda Unida, pero la militancia del PC, curtida en mil batallas, se ha metido la disciplina en un bolsillo y, por una vez, no ha seguido a su joven dirigente Alberto Garzón en su aventura "podemita".

 

Lo malo para el devenir de la izquierda de este país es que cuanto más desbarra Iglesias más gracia le hace a Mariano Rajoy y más consolida el miedo entre los votantes de derechas.

 

Y así vamos, atizados por el pánico de una sociedad pacata y fácil de manipular.

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