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Sábado, 12 de noviembre de 2016

El huracán Trump deviene en tormenta tropical

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La elección democrática que cada cuatro años se produce en los Estados Unidos, el país con más historia y tradición de respeto a la Constitución que tiene a sus espaldas –desde hace más de 200 años–, ha provocado en este 2016 una ola de indignación exacerbada y unas protestas que se están saliendo fuera del tiesto. Extraña en Estados Unidos de manera sorprendente porque estamos en el siglo XXI. Pero también aquí, sobre todo desde el lado de la nueva izquierda anticuada que tiene por montera insultar a la Constitución Española de 1978, a la que intenta descalificar con el titulillo de “régimen del 78”. Democracia histórica hay en EEUU y democracia más joven, pero Democracia, tenemos en España y en toda Europa. Para regímenes caciquiles –que no queremos– ya hay otros en el mundo donde no se vota o se vota bajo botas y ramales.

Se monta la furia sólo porque ha sido elegido en las urnas un candidato republicano, Donald Trump,  que con sus pros y sus contras, populista, irónico, provocador, actor, hizo una campaña tan mediática como un auténtico huracán, asustadizo en efecto, pero efectivo para sus intereses ya que anuló completamente a su rival, Hillary Clinton. Candidata por cierto a la que muchas mujeres no votaron y se negaban a votar, como dijo Susan Sarandon “porque no voto con mi vagina”.

 

[Img #53458]Desde el lado demócrata, desde las mismas filas republicanas y, sobre todo, desde Europa, nadie apostaba literalmente un centavo por la victoria de este huracán Trump.

 

Personalmente, seguí intrigado la campaña norteamericana y a medida que avanzaba era evidente que Trump estaba ascendiendo en las encuestas y que la cosa no estaba clara. Aún así, hablando con mis amigos, yo siempre creí que Hillary ganaría las elecciones, porque un país que había elegido hace ocho años a un presidente negro, Barack Obama, querría presentarse ante el mundo también como un país que elegiría ahora a una mujer como presidenta, volviendo a hacer historia. Mas no sucedió así.

 

Y tampoco hay que rasgarse las vestiduras, porque los norteamericanos siempre aprietan a sus presidentes y los encorsetan de tal manera que no pueden hacer lo que les venga en gana. Estados Unidos no es Venezuela. O sea. No sé si me explico. Trump estará cuatro años en la Casa Blanca; si lo hace bien, será reelegido y estaría en todo caso, como mucho, ocho años como presidente, porque así lo fijan las leyes magnas de los Estados Unidos. Si no gusta, los norteamericanos volverán a elegir a un demócrata dentro de cuatro años. Entonces, por qué esa furia. Cada vez que gana un republicano es como si el mundo se acabara y no es así.

 

Es verdad que se ha presentado con tonos populistas, con frases y dichos vergonzantes en algunos casos, pero no hay que ir muy lejos para escuchar barbaridades de tonos similares, porque aquí en España podríamos tirar de hemeroteca y ver que las campañas electorales, últimamente, también echan agua amarilla.

 

¿Quién ha votado a Trump?, esa es la siguiente pregunta. Pues le han votado hombres blancos, sí, trabajadores, claro, desempleados, también, deportistas, negros, como Mike Tyson, actores, unos pocos, Clint Eastwood, le han votado inmigrantes latinos, véase Florida, le han votado mujeres, y le han votado mujeres inmigrantes musulmanas y además madres solteras, como es el caso de Asra Nomani, mujer, musulmana, inmigrante y madre soltera que ha publicado una carta en The Washington Post explicando por qué voto a Trump. Y le han votado porque estaban, a su vez, indignados con los ocho años de gobierno de Obama. Y no han salido a incendiar las calles, ni a romper escaparates, simplemente han votado, porque eso es la democracia, es la forma de enfrentar los conflictos sin violencia.

 

El Nobel de la paz Obama ha sido un buen presidente pese a todo; pero me atrevo a poner aquí algunos hechos sucedidos con el mandatario demócrata que habrían sido vistos con otros ojos si hubieran sucedido con un presidente republicano: la prisión de Guantánamo sigue ahí, él la quiso cerrar, –pero Bush también dijo que quería su cierre, según palabras del mismo Obama–; durante su mandato se ha producido en EEUU un incremento de actos racistas, siendo el presidente afroamericano, y es que lamentablemente las violaciones de derechos humanos en sociedades tan complejas y masificadas se siguen produciendo; Obama eliminó al yihadista Osama Bin Laden invadiendo territorio de otro país, Pakistán. Si la acción bélica para matar al terrorista más perseguido del mundo la hubiera ordenado Trump muchos estarían manifestándose not my president, pero con Obama, yes, we can.

 

Y Obama no ha abierto la frontera de México, como Canadá no abre su frontera; ahora bien, un lenguaraz Trump ha dicho que iba a levantar un muro que, por otra parte, ya existe. Muros tenemos en cada país. El mundo utópico e idílico es un mundo sin fronteras, pero qué país, o mejor dicho, que político que aspire a presidir una nación se atreve a anunciar de modo políticamente correcto que va a abrir sus fronteras de par en par. Este planeta sigue lejos de ese ideal, de tal manera que, por ejemplo, ningún africano puede ir por carretera, mar y aire de Sudáfrica a Suecia con puertas abiertas y de país en país, sino con reglamentos y pasaportes; y ningún coreano entra a China así como así o a India. Y nadie entra en Australia porque quiera entrar ni como antojo. Sólo existe ese tráfico libre en la Unión Europea y la guerra de Siria ha provocado que se vuelvan a cerrar y se pongan en entredicho las fronteras Shengen por la avalancha de inmigrantes.

 

El mundo es un polvorín sí y en los foros internacionales no se debate si la actitud populista de los neocomunistas españoles se parece a la de Trump o no. Los ultras españoles de la izquierda son antiamericanos de por sí y aislacionistas; en esto sí coinciden con una idea lanzada por Trump, de que podría ser proteccionista, de tal manera que si rechaza el Tratado de Libre Comercio aquí muchos aplaudirían ese NO al TTIP. Pero los ultras neocomunistas españoles además rechazan la OTAN, la UE y son amigos de regímenes bolivarianos, iraníes y cubanos; no se parecen por tanto en nada estos populistas a Trump. En Estados Unidos ha ganado un empresario, votado por trabajadores, como se ha visto. Eso es incompatible con los radicales de “este país”, que odian el emprendimiento empresarial, aunque ellos aplican a escondidas sus prácticas capitalistas y se aprovechan del sistema porque se dedican a “cabalgar contradicciones”, como Maquiavelo verdad, porque “en todas las cosas humanas, cuando se examinan de cerca, se demuestra que no pueden apartarse los obstáculos sin que de ellos surjan otros”.

 

Trump defiende como Obama a los Estados Unidos y ambos se pusieron de acuerdo en su primer encuentro en la Casa Blanca. Obama espera que sea un buen presidente para Estados Unidos. Y no se subió por las paredes. Ambos además son capaces de decir con naturalidad “Dios bendiga América”, o sea a su país. Y aquí a algunos les cuesta decir la palabra España, cuanto más cualquiera les dice que además juren ante una Biblia que van a defender los intereses de la gente bajo promesa religiosa. USA is different.

 

Y el debate internacional no es si Trump se convierte en objeto de disputa en cualquier Parlamento o ayuntamiento español, o entre los separatistas catalanes ¿Quieren los independentistas levantar un Muro en el Ebro? La extrema derecha francesa también se quiere subir al carro, pero no creo que a Trump le guste la fascista Le Pen.

 

El debate en los foros internacionales no es ese, sino qué va a hacer Trump en temas calientes como: Estado Islámico, guerra de Siria, Irán, Rusia. También  interesa lo del Tratado de Libre Comercio con Europa y si los europeos tienen que poner ahora más dinero en la OTAN para frenar las guerras, y poner Paz, o si queremos que sigan siendo los americanos los que manden soldados y gasten sus dólares ¿para que aquí disfrutemos de libertad y que nos defiendan los americanos de los terroristas? A veces desgraciadamente hay que intervenir y no esconder la cabeza como el avestruz, porque qué habría sido de Europa en la II Guerra Mundial sin el apoyo de los aliados estadounidenses.

 

Los líderes europeos han hecho declaraciones oficiales, como Hollande y Merkel. Y nadie en su sano juicio va a cerrar las puertas a EEUU porque haya ganado Trump.

 

Los norteamericanos han votado democráticamente a un empresario metido en política, por cierto que Trump ya amagó con ser candidato en 2000, aunque desistió porque no abría caminos, pero siguió rondado en las encuestas y cenas políticas, como en el vídeo que circula con un bromista Obama en 2011, pero el que dicen outsider tiene 70 años y conlleva por eso experiencia ¿Quiénes son los insiders? ¿Los que jóvenes imberbes salen de un aula de teoría política sin haber gobernado siquiera una concejalía? ¿Los que no han creado nunca una empresa, ni una pyme y vienen a ofrecer no planes quinquenales, sino celestiales?

 

Trump debe ser la palabra más escrita y pronunciada del mundo en los últimos días. En una sopa de letras sale Trump y en una sopa de cocido, lo mismo. Sin embargo, el huracán ya está deviniendo en tormenta tropical. Cambia incluso el discurso, el tiempo dirá si es sensato y será ahí cuando haya que juzgarlo; mientras sólo cabe decir que ha ganado en las urnas y que es el presidente legítimamente electo. La polémica seguirá. Muchos odian a los EEUU, pero si tienen la ocasión, allá que se van, a Nueva York a correr el maratón, o a Texas, tras un chuletón a la brasa. No se sienten ante la bandera de EEUU que igual luego se arrepienten. 

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