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Domingo, 30 de octubre de 2016

A más progreso, menos radicales

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Después de 315 días con un gobierno en funciones y un país a media marcha, y debido a la inercia de los últimos cuatro años, España vuelve a tener un gobierno de manera oficial, de tal manera que las incógnitas y la incertidumbre se reducen, que no es que desaparezcan del todo, pues el futuro nadie lo conoce por muchos vaticinios que hagamos.

[Img #53033]Se abre una legislatura que, como todas, está plagada de retos y necesitada de reformas a las que se opondrá, sí o sí, valga la redundancia la oposición radical, incluso aunque las medidas que se propongan puedan ser buenas. Esto de la política es así.

 

El otro día hablaba con un amigo mío francés que, para empezar, no entendía absolutamente nada de lo que está sucediendo en España aunque yo intentaba explicarle por qué y cómo hemos llegado a no tener gobierno durante un año prácticamente.

 

En Francia eso no es posible porque hay segunda vuelta; aquí, mira tú por donde, aunque de otra manera, también hemos tenido segunda vuelta, pues hemos ido a votar dos veces, o sea igual que los franceses ¿no?

 

Lo que sucede es que estábamos a las puertas de una tercera vuelta y, según las encuestas, en esa hipotética nueva votación se podría dilucidar algo más el panorama de Gobierno. No ha hecho falta sin embargo porque el PSOE ha vuelto a hacer un favor a España y también se lo ha hecho a sí mismo –puro sentido común–, ya que unos nuevos comicios podrían suponer un batacazo aún mayor para los socialistas, divididos como están entre los críticos de antes y los críticos de ahora.

 

Antes los críticos eran los que se oponían a Sánchez, los que ahora componen la gestora, y, ahora, los críticos son los que se oponen a la gestora, es decir, los que antes mandaban en el PSOE. Total un lío padre.

 

Por si fuera poco, al PSOE le quedan cada vez menos votos en Cataluña, ya que el partido que dicen hermano, el PSC, a medida que merma se hace cada vez más independiente y defiende con efervescencia la idea soberanista, algo incompatible con lo que representa el socialismo per se (la internacional). Ese es un pecado de la izquierda española, por ejemplo, hasta yo que soy castellano, desconocía que hay una izquierda castellana que quiere la independencia de Castilla ¿para qué?

 

Pero volvamos a lo del lío socialista: la deriva del PSC está haciendo pensar a la nueva dirección del PSOE que quizá sea necesario empezar su reconstrucción nacional precisamente donde ahora no tienen ninguna representación –por lo que se ve– o sea en Cataluña. Ahí debiera iniciar el PSOE su reconquista de votos. ¿Cómo? Tal vez creando de nuevo el PSOE con sus siglas en esa región española.

 

El PSOE además tiene como colateral oposición a los radicales modernos, los neocomunistas disfrazados que hasta la fecha sólo saben vociferar, vituperar y montar numeritos para la televisión con sus formas totalitarias y antidemocráticas; es posible que los ultras de la izquierda se pasen la legislatura, dure lo que dure, alzando puños, barricando o berreando, haciendo camiseting y votando no, porque no es no, que diría aquel.

 

En eso, dice mi amigo galo, en Francia sucede lo mismo: los políticos votan no cuando la idea que se lanza en el Parlamento no es suya, sino del otro, aunque las propuestas sean buenas.

 

La manera de frenar a los radicales es avanzando en la recuperación de un país que sigue con millones de parados y salarios precarios, la cosa sigue chunga, pero no tanto como hace cuatro años, cuando el Gobierno de ZP dejó el erial que dejó con sus políticas trasnochadas de socialista rojo.

 

Las perspectivas que se barruntan, como el tiempo, son mejores y hay que seguir trabajando por el progreso del país, por la mejora del empleo, de la educación y de la sanidad –que sigue siendo de las mejores del mundo, aunque las mareas no lo crean así–.

 

Podríamos estar ante una legislatura de recomposición total; el PP quiere dejar atrás los episodios de corrupción, que ya están en los juzgados, y vigilando para que no se cuelen más corruptos en sus filas; el PSOE, a intentar dejar atrás el negativismo y volviendo a la socialdemocracia europea; Ciudadanos, a ver si consigue instalarse en el Parlamento y no ser flor de un día; y Podemos tratará de superar al PSOE en votos, pero visto lo visto, a medida que la economía mejore su papel debe ser cada vez menor, pues sus postulados son tan antiguos como sus cánticos.

 

Todo dependerá de la batuta de Rajoy, al que se ha querido tumbar de mil maneras, pero él ahí sigue, aguantando el chaparrón, parafraseando a Camilo José Cela, el revalidado presidente Rajoy habrá pensado: el que resiste gana.

 

Y hablando de revalidar, habrá que hacer exámenes a los presuntos estudiantes que se manifiestan para no hacerlos y escriben carteles de protesta con faltas de ortografía que hacen daño a la vista: “REBÁLIDA, NO”. ¿No? Pues eso, Reválida SÍ, porque muchos de los que se manifiestan más que estudiantes son ex - tudiantes y algunos de los que van en esas pequeñas multitudes van peinando canas y, que no falte, acompañados por la preconstitucional bandera republicana, tan antigua como la del aguilucho.

 

Un país moderno no puede seguir anclado en ese guerracivilismo pasado de moda. Eso sí, a la prensa le espera una legislatura divertida para abrir telediarios y noticieros.

  

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