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Domingo, 23 de octubre de 2016

Vísperas

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Dando por hecho que el PSOE va a acordar, hoy domingo, la abstención ante una nueva investidura de Mariano Rajoy, queda por resolver cómo se materializa el voto, el papel de los socialistas en la oposición, la búsqueda de un nuevo liderazgo y la estrategia de defensa frente al cerco del reconvertido Podemos; el de las barricadas.

El hecho de cómo se vote la abstención tiene importancia en la medida en que va a describir la dimensión de la crisis interna que atraviesa la formación. Si al final se opta por designar a once parlamentarios que se ausenten del hemiciclo en el momento preciso, querrá decir que ha ganado la tesis de los críticos y que la gestora, antes de romper el grupo parlamentario, prefiere una abstención técnica. También supondrá que Susana Díaz ha perdido la primera batalla por el futuro liderazgo. Por el contrario, si gana la tesis de la presidenta andaluza de "todos a una", Iceta y el PSC van a tener un difícil encaje entre sus compañeros.

 

Pasado el trámite, y una vez que Rajoy despeje las quinielas sobre el nuevo Gobierno, deporte al que tan alegremente se dedican estos días los dirigentes populares, comienza una legislatura donde el PSOE se juega realmente su futuro. Sabiendo, porque lo ha dicho él mismo, que Rajoy no puede aprobar como antes las leyes que le gustan, los socialistas tendrán la oportunidad de exigir las reformas que no fueron capaces de plantear en junio para pactar la investidura. Hay que desmontar un paquete normativo de sesgo ultraconservador que afecta a la Educación, la Justicia y la regulación laboral. Al margen de revisar con lupa las inversiones de los nuevos presupuestos. Ese rol de contrapoder que tanto vivifica la democracia puede ayudar, si se ejerce bien, a recuperar la maltrecha imagen del PSOE y que vuelva a ser visto como una alternativa de Gobierno.

 

Pero antes deberán encontrar un líder solvente y esa es una de las tareas pendientes más espinosa. El sangriento golpe de timón del anterior Comité Federal ha dejado tocados, por no decir hundidos, a destacados dirigentes a quien la militancia no perdona el viraje. A día de hoy no parece que ningún dirigente regional, incluida Susana Díaz, logre el apoyo de las bases. Pedro Sánchez no puede volver y entre los suyos no hay sucesor. Eduardo Madina perdió su oportunidad. Los catalanes bastante tienen con su poder menguante frente al independentismo, y la tentación de volver a las viejas glorias, como Borrell, va contra la lógica de una imprescindible renovación. Tienen pocos meses para encontrar en sus filas a alguien con carisma que sea capaz de recomponer los pedazos y dar confianza a los votantes. Un mirlo blanco.

 

Por último, la coraza frente a Podemos parece la tarea más sencilla: simplemente con dejarles la parcela del espectáculo, del numerito parlamentario, del infundir miedo, del tomar los cielos al asalto o la calle para coartar la libertad de expresión, se apagarán por sí mismos. La política sirve para arreglar la vida de los ciudadanos no para aventar incendios.

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