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Viernes, 14 de octubre de 2016

Pacifistas neuróticos

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Cada vez que las fuerzas del Ejército salen a desfilar por las calles, hay un puñado de pacifistas neuróticos que sufren pruritos y náuseas. Es algo así como si en un día festivo de la Guardia Civil o la Policía Nacional, desfilaran con motivo de sus actos, y hubiera un grupo de autodenominados defensores de la honradez, que les hicieran ascos y abogaran por su desaparición bajo la extravagante tesis de que, al desaparecer los guardias, desaparecen los ladrones, los timadores y los atracadores, según sus estupefacientes ideas. O sea, liquidamos el Ejército y ya es imposible la guerra, lo cual es cierto, porque si no hay quien defienda cualquiera puede invadir casas y territorios, sin necesidad de bombardear y otras groserías semejantes.

El día que Corea del Sur entienda que, si desaparece su Ejército, la paz está asegurada, y lleve a cabo esa acción, el gordo tirano del norte ocupará la totalidad de Corea, todo en medio de un pacifismo maravilloso, salvo que los tiranos son muy de fusilar bastante para que la gente no crea que toda paz es orégano confitado.

 

El problema de los pacifistas neuróticos sólo tiene una terapéutica posible, que es la psiquiátrica, porque generan anticuerpos al sentido común, y serían totalmente inocuos de no ser porque ofenden con sus pseudoironías a las familias de los casi 200 militares que han muerto en acto de servicio, por ejemplo cayendo en una emboscada por parte de individuos que están de acuerdo con los neuróticos, porque quieren que desaparezcan los ejércitos para que nadie les moleste en sus planes. La inmadurez siempre es un inconveniente, pero si se mezcla con la incongruencia puede tener efecto devastador para la inteligencia de los pobres enfermos.

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