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Domingo, 9 de octubre de 2016

¿Estrategia o sentido de Estado?

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Si las encuestas, tan desprestigiadas después de los fracasos de este larguísimo año electoral, aciertan, PP y Ciudadanos alcanzarían la mayoría absoluta el 18 de diciembre en las terceras elecciones.

Cabe preguntarse entonces si las últimas declaraciones de Mariano Rajoy mandando callar a las voces que desde su partido y su Gobierno reclamaban mayor sumisión al PSOE, son una estrategia o va a primar el, tantas veces reclamado, "sentido de Estado" para evitar una nueva cita con las urnas.

 

La disciplina dentro del PP, y más cuando rozan el poder, es incuestionable. Por tanto, ni el ministro Jorge Fernández Díaz ni el portavoz parlamentario Rafael Hernando van por libre. Parece como si el PP estuviera jugando a "poli malo y poli bueno" mientras preparan la maquinaria electoral y salvan al candidato de la responsabilidad de tener que volver a votar.

 

A la vista del enconamiento y la fractura en el grupo socialista, Rajoy siempre podrá argumentar, en el último minuto, la imposibilidad de intentar una investidura con unas siglas sin liderazgo y sin capacidad de mantener la disciplina de voto. Siempre podrá hacer un discurso razonado, alegando que las grandes reformas que necesita este país, y que ofreció al PSOE consensuar en estos meses de interinidad, son ahora imposibles si la mitad de los diputados socialistas siguen en el "no es no".

 

La estrategia puede tener un coste electoral, pero quien peor parado va a salir será el PSOE. Después del calvario de la lucha fratricida y de cambiar el "no" por "ahora sí" en un Comité Federal donde pueden repetirse las trifulcas, se les viene encima una campaña electoral sin candidato y sin modelo de país que ofrecer a sus desconcertados votantes.

 

Mientras tanto, Podemos se radicaliza, se arroga el liderazgo de la izquierda y proclama que los socialistas les han entregado el papel de representar a la oposición. Como no se fían, ya están engrasando su maquinaria electoral y motivando a sus Círculos para salir a la calle y recuperar el voto perdido en junio. Convencidos de que la militancia y los votantes que apoyaron a Pedro Sánchez se van a ir con ellos. El sector de Errejón se repliega a los cuarteles de invierno y Pablo Iglesias hace un alarde de fuerza en el Consejo Ciudadano celebrado este fin de semana.

 

Ante este futurible, no descartable, se ve con mayor claridad el enorme error que cometió la dirección socialista cuando el nueve de julio, después de obtener solo ochenta y cinco escaños, se ratificó en la negativa a la abstención y permitió a Pedro Sánchez intentar un pacto con Podemos y nacionalistas que estaba casi cerrado, a falta del último engaño de Pablo Iglesias que, como se ha visto este fin de semana, solo tiene un objetivo político: destruir a la socialdemocracia que representa el PSOE y ocupar su lugar.

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