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Jueves, 6 de octubre de 2016

Las tarjetas Gürtel

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Si los encausados en los macroprocesos de las tarjetas negras de Caja Madrid y de la trama Gürtel asisten el escrutinio judicial de sus graves y presuntos delitos en diferentes salas, es, simplemente, porque todos no caben en una sola.

De caber, se les podría juntar a todos, agavillados en una única estancia y en un solo proceso, porque, en puridad, se sospecha fundadamente que todos se dedicaron a lo mismo: al despiadado saqueo de las cajas y las arcas comunales.

 

Esa chusma trajeada que al fin rinde cuentas ante los tribunales por su convulsa afección al robo, pensó un día que el dinero de los demás era suyo, ya fuera el de los ahorros y los depósitos entregados para su custodia en el banco público, o el procedente de los impuestos que apoquinan con harta fatiga los humildes ciudadanos, pero, lamentablemente, la cosa no quedó en un pensar, sino que ese pensamiento les condujo a la acción, circunstancia a la que contribuyó lo suyo que esos pájaros tuvieran en su poder la llave de la caja y que el Estado careciera, pese a sus innumerables covachuelas, de capacidad de control.

 

Pensaron que el dinero era suyo, y se lo apropiaron, no viendo en ello sino un guiño amical de la Providencia hacia sus personas. Pero como eran tantos, que los pillados apenas caben en las dos grandes salas habilitadas en el polígono industrial de San Fernando de Henares, y mangaron durante tanto tiempo, ora en la modalidad de los sobrecostes y las adjudicaciones perversas, ora en la de las comisiones y las mordidas, ora en la del uso de las ubérrimas tarjetas de las que manaba a espuertas el dinero de los demás, acabaron quebrando el país entre unos y otros, y quebrando con ello la vida, la salud, el empleo, la casa, la educación y el futuro de millones de españoles.

 

Lo que queda del PSOE no sabe cómo explicaría a lo que queda de sus votantes la entrega del gobierno, mediante la incondicional abstención en la investidura, al Partido Popular, ese partido tan abrumadoramente representado en los banquillos de la Gürtel y de Caja Madrid, bien que en éste último compartiendo deshonra con otros partidos, con los sindicatos y la patronal. No sabe cómo lo explicaría, pero es inútil que siga rompiéndose la cabeza: no podría explicarlo de ninguna manera.

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