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Martes, 4 de octubre de 2016

La seductora conspiración

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Ante una explicación razonada y vulgar sobre cualquier acontecimiento, y la teoría de una conspiración, resulta mucho más atractiva y novelesca la conspiración. Para vulgaridades ya está nuestra vida de ciudadanos de a pie. Y dónde esté una reunión de una docena de personas en la que se dictamine nuestro destino, no sólo empalidece cualquier otro argumento, sino que es una versión mucho más sugestiva, que ayuda a desteñir nuestras responsabilidades, porque si nuestras equivocaciones o son culpa del gobierno, o de la oposición o del Ibex 35, nos quedamos en paz consigo mismo por muchas gilipolleces con la que estropeemos nuestra vida familiar, social y profesional.

La elección de Pedro Sánchez como secretario general del PSOE no fue debida a la reunión de oscuros conspiradores, sino a que a Susana Díaz le pareció mejor candidato que Madina, y los numerosos socialistas andaluces le dieron su voto. Y el descabalgamiento ha estado motivado porque llevan dos elecciones generales y unas autonómicas perdiendo millones de votos, y, en lugar de cambiar de rumbo, el ex-capitán se empecinaba en sostenella y no enmendalla, con lo que iba a conseguir dos objetivos: que Podemos le adelantara en número de diputados y que el PP rozara la mayoría absoluta. Y los votos que controla Susana Díaz, añadidos a otros, sumaron en esta ocasión a la contra. 

 

Comprendo que es verosímil, lógico y monótono, pero creer que los señores del Ibex 35 son una piña es de ignorantes, porque entre ellos, como en cualquier otro grupo, hay tantas amistades como odios. Sus agendas dificultan bastante que puedan reunirse. Y suponer que levantan el teléfono y se pone a sus órdenes Felipe González, o conjeturar que levanta el teléfono Felipe González y cualquier barón se cuadra, es poseer un desconocimiento bastante inquietante sobre la realidad. Por fortuna, las sociedades cuentan con muchos y muy variados factores de influencia. Intentar controlar la mayoría de ellos para forzar acontecimientos es muy difícil, porque además los factores son tan variables como el tiempo meteorológico. Lástima. Pero gracias a ello algunas iniciativas, como la del 23-F, se frustran.

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