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Domingo, 25 de septiembre de 2016

El laberinto del PSOE

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¿Le fue bien al PASOK tras apoyar a la derecha en Grecia? No. Tan mal le fue que casi ha desaparecido, para mayor gloria de la izquierdista Syriza. ¿Le va bien al SPD alemán, que todavía apoya a la democristiana CDU? No, en realidad le va mal a los dos grandes partidos alemanes.

¿Le va bien al PS portugués, que gobierna en solitario en minoría con el apoyo de otros partidos de izquierdas? De entrada, no le va mal.

 

¿Se le ocurrió a alguien en Francia que el PS apoyase a la derecha? No. ¿Alguien se propuso alguna vez que el Partido Laborista respaldase el Gobierno del Partido Conservador? No. ¿Apoya el Partido Demócrata de EEUU al Partido Republicano a la hora de gobernar? No.

 

¿Los barones del PSOE que gobiernan en algunas comunidades autónomas le deben su puesto a algún partido de derechas? No, con la excepción de Susana Díaz en Andalucía. Casi todos ellos gobiernan con el apoyo de otras fuerzas de izquierdas, del mismo modo que el SPD alemán gobierna en instituciones locales y regionales con el apoyo de Los Verdes.

 

¿Por qué a la vista de estos datos, los barones del PSOE atacan a Pedro Sánchez por querer hacer algo parecido a lo que han hecho ellos, una vez que fracasaron en su intento de obtener mayorías absolutas? ¿Lo hacen tal vez para complacer a Susana Díaz, que sí gobierna apoyada por Ciudadanos, un partido de centroderecha? ¿Acaso su lucha es meramente interna, casi personal, y lo de menos son sus tendencias e ideologías? ¿O se trata de agradar a los poderes económicos y mediáticos que le exigen al PSOE que favorezca la investidura del candidato del PP?

 

No parece fácil extraer una conclusión simple de un escenario tan complejo y laberíntico, pero el profesor de la Universidad de Berkeley Manuel Castells aporta una clave que no sólo es política, sino también matemática: la improbabilidad de una abstención de Ciudadanos, por su oposición de principio a Podemos, hace que, en realidad, la única alternativa a un gobierno de Mariano Rajoy o a terceras elecciones generales pasa por los 180 votos que tumbaron su investidura.

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