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Martes, 13 de septiembre de 2016

Carreras con porvenir

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Hay una carrera con indudable ventaja sobre todas las demás, y que garantiza un puesto de trabajo, no muy bien remunerado al principio, pero bastante decente después, y con posibilidades de jubilarse sin cambiar de empresa: el nacionalismo.

Hay algunos que se molestan en licenciarse en algo por la Universidad, pero en los últimos tiempos ha dejado de ser un requisito, ya no se disimula, y se puede hacer carrera de nacionalista sin esa molestia. José Montilla, por ejemplo, socialista evolucionado hacia el nacionalismo, llegó a presidente de la Generalitat, y según su currículo, varios días pasó por la puerta de la Universidad y mantuvo una fuerte lucha pensando si se matriculaba o no, pero al final logró resistirse sin entrar.

 

Esta carrera de gran porvenir hay que iniciarla, recién cumplida la mayoría de edad, ingresando en las juventudes nacionalistas del partido correspondiente. Una vez inscrito, hay que ponerse a las órdenes indiscutibles de los que más mandan y, como la demanda de jóvenes y mujeres es constante en el aderezo estético de los partidos, pronto estará en una lista municipal, sin posibilidades de salir, pero a la segunda convocatoria podrá ser designado concejal de un municipio. Una vez allí, el paso siguiente es aguardar a que corra el escalafón para estar en las listas de diputado autonómico. No lo tienen tan fácil ni ingenieros, ni los arquitectos, ni los filólogos, ni los veterinarios, ni los biólogos.

 

Hay dos ventajas indudables: la primera es que la empresa es solvente, y no va a echar el cierre, ni siquiera por quiebra fraudulenta. La segunda es que la tarea es tan ardua y tan larga, que se llega a la jubilación, sin que, naturalmente, se haya conseguido la independencia, porque ¿tendría sentido un partido independentista en un país que ya ha logrado la independencia? Bueno, pues aún en ese caso hipotético, que demostraría la torpeza de los independentistas matando la gallina de los huevos de oro de las nóminas, esos partidos no se disuelven, porque están dispuestos a sacrificarse por el público que tanto les quiere y el elector que tanto les vota.

 

Estamos al comienzo del curso, si a su hijo o a su hija no les ve muy sobrados de talento, no lo dude: procure que hagan carrera en el nacionalismo.

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