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Domingo, 11 de septiembre de 2016

Feijóo y Cataluña

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Mariano Rajoy llegó al poder en el Partido Popular de la mano de José María Aznar, por designación, pero no tardó en tener dificultades para hacerse con el partido, en parte debido al rechazo de los sectores más jacobinos y españolistas del PP, disfrazados de liberales, que lo veían débil, tal vez provinciano.

Rajoy tenía entonces un perfil más centrista que ahora. Los sectores duros del PP, con el tiempo bendecidos paradójicamente por el propio mentor de Rajoy, nunca fueron capaces de cargarse a Mariano, respaldado por los barones territoriales. Mucha gente cree que en el PP todo se cocina en Génova pero no es así: la base del PP va mucho más allá de Madrid. De hecho, Esperanza Aguirre -emblemática figura del poder madrileño y de su derecha económica- jamás ha podido con Rajoy. Tampoco Ruiz Gallardón. El PP es una gran organización política, salvo en Cataluña y el País Vasco.

 

El peligro para Rajoy no está en Madrid, sino en las baronías. Él lo sabe desde hace tiempo, porque conoce bien su partido. A su manera, varios barones llevan meses -casi años- hablando del tema, si bien apenas trascienden sus debates. A lo sumo, el único que dio un poco la cara fue Juan Vicente Herrera, el presidente del PP en Castilla y León. De hecho, ya en mayo de 2015, Herrera aconsejó a Rajoy "mirarse al espejo" antes de volver a presentarse a las elecciones.

 

El candidato de los barones preocupados por el futuro del PP y la debilidad de Rajoy fue -y sigue siendo- Alberto Núñez Feijóo, quien cuida las formas de su relación política con Rajoy sin renunciar a su propio perfil político. Si Feijóo obtiene la tercera mayoría absoluta en Galicia, seguramente se escuchará jalear su figura desde Castilla y León, La Rioja, Cantabria, la Comunidad Valenciana y, por supuesto, Galicia. La otra opción sería la presidenta de la Comunidad de Madrid, pero en el PP no falta quien se pregunta si ha empatado con alguien. Hoy por hoy, Cristina Cifuentes está lejos del peso político de Feijóo. Tiene, eso sí, la ventaja de que la derecha económica y sus medios afines no le tocan la cara, mientras que a Feijóo le sacan unas viejas fotos con un contrabandista cada vez que levanta la cabeza más allá de Galicia.

 

Pensando en el futuro de España y en el grave conflicto con Cataluña, Feijóo tiene otra ventaja: sabría cómo enfocar el tema -de algo tendría que servirle presidir una nacionalidad histórica y saber convivir con independentistas y nacionalistas- y tiene en su entorno a políticos y politólogos expertos en el nacionalismo, entre ellos Xesús Palmou, el que fuera secrerario general del PP de Galicia con Manuel Fraga, durante muchos años. Dice la alcaldesa Ada Colau que para abordar correctamente la situación de Cataluña son necesarias grandes dotes de escucha y diálogo, actitudes para las cuáles la derecha española, en sus formas más viejas o más nuevas, parece a su juicio incapacitada. Tal vez Ada Colau no conoce a Xesús Palmou.

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