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Domingo, 11 de septiembre de 2016

El PSOE no entendió el mensaje

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El actual PSOE no entendió el mensaje que por dos veces consecutivas le enviaron los votantes en las urnas. No lo entendió el 20 de diciembre de 2015 y lo comprendió menos el 26 de junio de 2016. Los españoles quieren un pacto constitucionalista, pero parece que alguien no lo ve así. El populismo aspira a devorar al PSOE y éste se empeña en querer pactar con los revolucionarios del Saturno podemita, o sea con quienes se lo quieren zampar.

[Img #51378]El 20 de diciembre de 2015, el PSOE obtuvo unos resultados muy malos (sólo 90 diputados) rebajando aún más el suelo que el presidente Zapatero le dejó en herencia a Rubalcaba en 2011. El viejo zorro Rubalcaba, pese a eso, pese a ser un veterano, se la pegó y sumó 110 diputados.

 

Rubalcaba tiró p’alante, pero ya estaba en el tobogán, cuesta abajo. Sin embargo, cumplió su cometido en su breve mandato al frente del Partido, Socialista, Obrero y Español (ahora ya no sabemos si es Español o si está descosiendo la E).

 

El bueno de Rubalcaba, socialdemócrata y monárquico, al menos hizo el último gran favor a España y permitió y apoyó sin fisuras que se produjera –sin problemas– el relevo del rey Don Juan Carlos por su hijo el príncipe Don Felipe cuando el primero abdicó. La monarquía constitucional española sigue viva gracias al PSOE, al PSOE de antes, porque con el de ahora la cosa podría haber pintado poco bien, tan infiltrado como está el nuevo grupo socialista de antimonárquicos y republicanos, tan echado al monte, alejado incluso de la más moderna socialdemocracia europea. Sí, los socialistas españoles son los más socialistas de Europa –eso creen– claro, será porque no se han modernizado y votan incluso diferente de sus compañeros en el Europarlamento. 

 

Pero a lo que íbamos. Rubalcaba fue sustituido porque éste tras el batacazo en las europeas dijo: "La responsabilidad del muy mal resultado electoral es mía, mía y mía y así asumo mi responsabilidad". Dimitió, aunque no de golpe, así en diferido, que dirían ahora. Los socialistas españoles cosecharon en las europeas de 2014 el que era el peor resultado electoral de su historia, con un 23% de los votos. 

 

Bueno, pues aún no sería el peor resultado, ya que el sustituto de Rubalcaba en los comicios del 20-D rebajó la cosa al 22% de los votos. Y el suelo pasó de los 110 diputados a los 90. A una distancia de 1.684.973 votos del PP. Aún así, el nuevo secretario general del PSOE dijo aquella noche: “Hemos hecho historia”. Sí. La hizo, efectivamente. 

 

No dimitió y volvió a ser el líder del PSOE el 26 de junio. Y volvió a hacer historia. Si en las Navidades logró 90 escaños, tras la noche de San Juan acaparó 85 escaños, cinco menos. Y más lejos, a una distancia de 2.481.476 votos del PP. Y el líder del PSOE salió al balcón otra vez entre aplausos y gritos de "¡presidente, presidente!", aclamado por decenas de militantes. Será por eso que, ahora, cada vez que tiene que tomar una decisión amenaza a los barones con que va a consultar a los militantes (en lugar de a los votantes).

 

Ahora, no sabemos si habrá terceras elecciones, pero ya no tiene la amplia sonrisa que emanaba el actual líder del PSOE como por ejemplo cuando visitó Italia, cual rostro de la Mona Lisa de Da Vinci, y dijo, mientras paseaba rodeado de flashes, que iba a ganar las elecciones. El rostro político se transmuta y ya no tiene aquella risa. Si se repiten las elecciones en diciembre de 2016, el PSOE tampoco las ganará, por muchos mitines que dé ante sus fieles, podría subir algunos escaños, a cuántos, ¿a 90, 95?, o, tal vez, bajar de los 85, y, en cualquier caso, seguir haciendo historia, volviendo a perder. Y un país como España no puede ser gobernado por un presidente que tenga sólo 85 diputados, ni transversalmente ni con pactos a lo Frankenstein.

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