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Jueves, 8 de septiembre de 2016

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Pedro Sánchez ha decidido llenar el tiempo que queda hasta las elecciones vascas y gallegas forzando una ronda de contactos que sabe fracasada de antemano. De la ambigüedad de su rueda de prensa tras el comité ejecutivo del PSOE ha pasado, en veinticuatro horas, a la concreción: si que se postula, en el caso de que Rajoy fracase, para dirigir un Gobierno solo con los suyos, el apoyo de Podemos y la abstención de Ciudadanos. Es decir, la cuarta esencia de la dificultad.

Y es imposible porque Pablo Iglesias, el rey de la teatralidad y el espectáculo, le instó ayer mismo a dejar de hacer el paripé. También le recordó que su apoyo significa gobierno compartido y el apoyo de los independentistas, condiciones que jamás aceptará Rivera para abstenerse.

 

¿Por qué hace esto Sánchez y porque callan los dirigentes regionales contrarios a esta aventura? Sencillamente porque están ganando tiempo. Sánchez, porque no puede presentarse ante sus electores con el único bagaje de haber dicho no a Rajoy, sin presentar alternativas, y porque además, si al final el comité federal opta por la abstención con condiciones, él podrá decir que lo intentó hasta la saciedad pero que, ante la falta de apoyos, no quiere bloquear el país. Y en cuanto a los "barones", incluida la lideresa Susana Díaz, tan callada últimamente, ninguno quiere cargar con el marrón de ser el primero en pedir abiertamente la abstención.

 

Por medio está el, todavía no convocado, congreso federal del PSOE, donde se dirime el liderazgo de la organización y la resolución de las luchas intestinas que todo partido sufre cuando está en la oposición o tiene tan malos resultados electorales.

 

Además, es obvio que Rajoy no se lo pone muy fácil a nadie con su último disparate político de proponer a Soria como candidato a director ejecutivo del Banco Mundial. Demuestra la prepotencia, la falta de ética política y la ceguera de un dirigente que ha perdido cincuenta escaños. La frase de "yo no sé", que fue su primera reacción ante el escándalo Soria, demuestra que, efectivamente, no sabe dónde está y que esta nación ha dejado de ser su corralito particular.

 

La insólita reacción en contra de los dirigentes populares, que no se atrevieron a decírselo en la cara pero salieron en los medios hablando de error y equivocación, refleja una soterrada marea de descontento que puede ser el comienzo del fin de su liderazgo. Precisamente, los primeros que han alzado la voz son los tres presidentes autonómicos con mayor poder: el de Galicia, Madrid y Castilla y León. Tanto Feijóo como Cifuentes podrían ser dos de los candidatos a sucederle y más aún si el presidente gallego consigue revalidar la mayoría el 25 de septiembre.

 

Dada la previsible altísima abstención en caso de convocarse unas terceras elecciones ambos partidos, por su propio interés, tendrán que valorar si pueden presentarse otra vez ante los electores con Rajoy y Sánchez encabezando las listas. El batacazo de Podemos y Ciudadanos está descontado.

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