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Lunes, 5 de septiembre de 2016

Si Rajoy se tiene que ir, Pedro Sánchez no puede quedarse

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Se instala una verdad difícil de rebatir. Tras dos elecciones seguimos sin que se pueda formar gobierno. La Constitución no da alternativa a la convocatoria de nuevas elecciones. Y si los resultados no le permiten al parlamento una investidura, habrá que repetir el proceso hasta el infinito.

¿Es razonable y legítimo que los partidos trasladen la responsabilidad de formar gobierno a los ciudadanos?

 

Algunas reflexiones.

 

Convocar nuevas elecciones es una desautorización a las decisiones adoptadas por los ciudadanos en las urnas. Equivale a exigirles que cambien su voto hasta que el resultado obtenido satisfaga a los líderes políticos. Es como si el niño dueño del balón exigiera prolongar la hora del recreo hasta que obtuviera el resultado deseado en el partido.

 

Dos votaciones en seis meses con un resultado casi idéntico exige de hecho un mandato para que los partidos eviten nuevos comicios.

 

Mariano Rajoy ha ganado en las dos ocasiones, aumentando la segunda vez la distancia frente al resto. Tiene derecho a intentar formar gobierno. Para ello tiene que seducir y conseguir más apoyos. Los que tiene y los que ha brindado Ciudadanos no son suficientes. Y habrá que preguntar por qué no genera empatía suficiente para que once diputados se abstengan. El PP tiene una parte de la responsabilidad de unas nuevas elecciones porque no ha elaborado una propuesta que le permita obtener apoyos para gobernar. Si el PSOE y Podemos bloquean la situación ahora, habrá que colegir que en la investidura fallida de Pedro Sánchez, Podemos y el PP bloquearon la posibilidad de formar ese gobierno.

 

El único que está limpio de responsabilidades en las dos investiduras es Ciudadanos. Cedió entonces y colaboró y lo ha hecho ahora. Paradójicamente es el único que ha pedido perdón por este bloqueo que ya es inaceptable. Y lanzó una propuesta que no puede descalificarse de antemano. Si Mariano Rajoy y Pedro Sánchez han bloqueado, cada uno de ellos, una investidura, han ganado el premio gordo de la incapacidad para un acuerdo. Los dos tendrán que irse o tendrán que entenderse. Los dos.

 

Hay que empezar a pedir coherencia a todos los partidos.

 

Si interiorizamos que una nueva convocatoria es ilegítima y, en consecuencia, no puede producirse, alguien tendrá que ceder. O buscan el PP y el PSOE una solución que permita formar gobierno, o lo razonable es que los dos líderes dimitan y den paso a nuevos liderazgos.

 

Si se confirma, como parece, que Pedro Sánchez va a intentar una alternativa con Podemos y sus marcas blancas, con ERC y con el PNV y la antigua Convergencia, nos tendrá que convencer que no es un ejercicio retórico para tratar de lavar su posición. Tiene derecho a intentarlo y debe aclarar de antemano sus líneas rojas, para saber si esa alternativa es posible. Lo que no puede hacer Sánchez es aferrarse al discurso de "no al PP" porque se acabó el viernes pasado con la segunda votación de la investidura de Mariano Rajoy.

 

Los líderes deben ser elegidos por sus partidos y refrendados por sus electores. Si Pedro Sánchez exige que Mariano Rajoy se retire y dé paso a un nuevo candidato, como condición para su abstención, está moralmente obligado a dimitir él también. No sería razonable ni aceptable exigir que Rajoy se fuera y él se quedara. Porque si llegamos a la conclusión de que se puede cuestionar la permanencia de Rajoy es indispensable que el PSOE se aplique la misma medicina. Las ambiciones personales, por mucho que sean legítimas, deben ser una anécdota a la hora de calibrar lo que nos jugamos todos los españoles.

 

Si no empezamos a exigir coherencia en la política española, el sistema podría empezar a desintegrarse.

 

La situación exige responsabilidad, altura de miras y generosidad. Pero no es una exigencia solo para Mariano Rajoy, porque los dos partidos con más escaños son responsables de una repetición de elecciones. Y eso es inadmisible.

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